
Lecciones de economía

La educación como inversión social clave en el desarrollo personal y económico. La elección vocacional, el apoyo familiar y el rol de las administraciones públicas son fundamentales.
Por Fernando Negrete Montes El gasto en educación es considerado una inversión social por cuanto después de un período en promedio de veinte años de preparación del "producto", el joven que se educa está en condiciones de aplicar su conocimiento traducido en su habilidad y destreza en su campo de formación, generando los ingresos para su mantenimiento y parte de los suyos, además de pagar la deuda que produjo su proceso educativo con sus padres y la sociedad. Esta relación económica tiende a subyacer por el afecto con los progenitores y familiares y porque es normal que el ciclo productivo se vea en una primera fase como depositario de ayuda, luego en la etapa laboral de contribuyente y finalmente como receptores de renta a través de ahorros e inversiones personales, pensiones o del apoyo de la familia y/o del Estado, para quienes no cuentan con medios de subsistencia. El asunto clave en esto es la decisión que tome el joven sobre lo que quiere y puede hacer en la vida, punto en el cual es fundamental el medio donde viva, las orientaciones y apoyo de sus padres y las que recibe en la escuela, que le permitan determinar desde bien temprano cuál es el "paquete" con el que viene dotado para no obligarlo a hacer cosas para las que no está habilitado y que más tarde lo pueden convertir en un ser frustrado e improductivo. Lo señalado es del resorte de la economía por cuanto todas las personas desde que tienen "uso de razón" lo que buscan es vivir de la mejor forma y tener los medios para superar las situaciones difíciles y sacar a sus mamás de las duras tareas de los oficios domésticos que aun siendo ejecutivas, siguen "esclavas" de estas labores, tema recurrente y que amerita la atención para que el resultado no sea flor de un día sino permanente. Cada individuo tiene el derecho de mejorar sus condiciones de vida y la regla número uno es que esto se obtiene con el esfuerzo que va aparejado con el trabajo y la claridad que, si no hay desarrollo para el conjunto social, el bienestar que recibe un individuo es a expensas del deterioro de otros, por lo que estamos obligados a proyectar y realizar nuestras iniciativas como garantía de aporte al "crecimiento" humano. Nos preguntamos dónde conseguirán trabajo nuestros jóvenes que sufren las mayores tasas de desempleo y la respuesta está en el mismo mercado, relaciones, al crear actividades que la propia gente produce e inventa mediante la mejora e innovación, pero aquí vuelve y juega aquello de que hay que esforzarse y no esperar para abrir caminos y en esto es fundamental el papel de las administraciones públicas que deben trazar la ruta y no lanzar la gente al tinglado.