
Laura Víctoria

En Caucasia, una ingeniera ambiental recuerda su infancia humilde y el sueño de estudiar. Su abuela, pilar fundamental, celebra el logro profesional que hoy la inspira.
Por Ensuncho de la Bárcena A comienzos de mes tuve la oportunidad de recorrer con ella las calles de su niñez y me contó que en el barrio El Camello todas las casas eran iguales, lo que al principio la hacía extraviarse. Por ello buscaba elementos de referencia que le hacían más fácil el regreso a la suya desde la escuela. Un cable de luz tirado en el suelo era su guía. Desde pequeña colaboró con las finanzas de la familia: con sus primos vendía los fritos que la abuelita preparaban con cariño. Sobre todo empanadas y carimañolas. Recuerda con picardía que, antes de comenzar la jornada, llegaban a la esquina de la calle ancha a comerse los quemaditos, porque asumían que nadie los compraría. Se crió con su abuelita Hercilia que ha sido su mamá, porque su madre vivió mucho tiempo fuera de casa, sobre todo en Chocó, donde trabajaba para enviarles el sustento. Está muy agradecida por las oportunidades y la educación que ella le brindó. Su bachillerato lo hizo en el Liceo Caucasia, cerca de la sede de la Universidad de Antioquia y siempre decía que era un gran sueño estudiar allí. El día que ingresó no le cabía el alma en el cuerpo. "No fue fácil estudiar, pero alcancé esa primera meta". El día de su graduación se multiplicó el orgullo, porque es la primera profesional de toda su familia y un referente para sus hermanos y primos. Sobre todo un ejemplo para sus hijos y una muestra de que los sueños se pueden cumplir. Esta bella mestiza de cabellos rizados y dulce trato nació en Caucasia hace 26 años. Es Ingeniera Ambiental y es la actual coordinadora del Nodo Bajo Cauca de la Institución Universitaria Digital de Antioquia. Trabajar con la IU Digital le ha permitido quedarse en su municipio, en su hogar, cerca de sus dos hijos y de su abuelita, a quien tuve el honor de conocer aquella tarde de lunes. Encontramos a Doña Hercilia sentada en su mecedora verde, en el corredor de su casa, junto a una cayena roja. Tiene una sonrisa transparente que irradia cariño desde el primer momento. Nació en Guaranda, La Mojana, hace 77 años, pero vive en Caucasia desde los 9. Tiene 7 hijos y no recuerda cuántos nietos. Cuando habla de Laura Victoria le brillan los ojos. "Es una niña muy juiciosa, de bellas cualidades y siento una inmensa alegría cuando viene a verme. Me hace feliz que ya sea una profesional porque yo le enseñé las primeras letras y los primeros números. El estudio es la mejor herencia", afirma. Así habla la sabiduría.