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Opinión

Las tres caras de la verdad

Glenda K. Fuentes
Glenda K. Fuentes
Columnista
25 de mayo de 2024

La verdad, maleable pero persistente, emerge tras capas de engaño. Las historias, compuestas de verdades y mentiras, revelan su rostro oculto con el tiempo.

Por Glenda K. Fuentes Algo que se aprende al tratar de reconstruir un suceso a base de testimonios es, justamente, que todas las historias son cuentos, que están hechas de verdades y mentiras, como refiere Mario Vargas Llosa. Es así que, solo aquellos que lo vivieron conocen realmente su rostro, aunque traten de ponerle el mejor disfraz. Dicen que toda historia tiene tres versiones: la tuya, la mía y la verdadera. Esta afirmación sugiere que la verdad puede ser maleable, que puede acomodarse al interés de cada cual, y que puede pasar desapercibida ante los ojos de quienes, en silencio, saben bien cómo es. Sin embargo, siempre he creído que para la verdad el tiempo y para el tiempo la paciencia. A menudo, la verdad tarda en revelarse porque se encuentra oculta bajo capas de manipulaciones y percepciones personales. Sin embargo, se deja de lado que en su esencia, es única e inalterable y por más que queramos deformarla, al final reflejará su cara oculta, así nadie lo diga cuando la vea. ¿Será que una persona puede creerse la historia que ha recreado su mente después de repetirla una y otra vez? No creo tener una respuesta única a esta pregunta porque la mente humana es muy compleja y tiene una capacidad sorprendente para crear, incluso si esto implica convencerse a sí misma de sus propias fabricaciones. Lo que sí puedo decir es que enfrentar las acciones y asumir sus consecuencias, es indudablemente un acto de ímpetu y valentía. En la historia de la humanidad, grandes verdades han salido a la luz después de años, incluso siglos, de oscuridad. Los secretos de estados, las injusticias sociales, las revelaciones científicas y hasta las infidelidades. Lo que demuestra que la verdad siempre tiene una manera de encontrar su camino hacia la superficie, y nada ni nadie puede detenerla. El autoengaño puede ser un aliciente para aquel que teme enfrentarse con su monstruo. Sin embargo, lleva a una desconexión total de la realidad, lo que genera un patrón de comportamiento altamente riesgoso, por su probable normalización. No se trata de ser mártires de la verdad, pero mucho menos de ser maestros del engaño y la manipulación para crear una imagen distorsionada de la realidad. A medida que avanzamos, es vital mantener la integridad y el compromiso con la honestidad, por incómoda que sea, para crecer y aprender. Este acto además de ser un liberador, es coherencia y respeto con nosotros mismos, nuestros credos, valores y/o principios. Al final del día, la verdad tiene una sola cara, aunque se le quieran dibujar dos o más. Son peligrosos aquellos que crean sus propias mentiras, pero lo son aún más quienes se convencen de que son "verdades".