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Opinión

Las trampas del pensamiento

Olga Lucía Bustamante Madrid
Olga Lucía Bustamante Madrid
Columnista
11 de mayo de 2024

El egoísmo, la altanería y los vicios humanos perpetúan errores. Para romper el ciclo, se necesita autovigilancia, sensibilidad y valores. La sabiduría del corazón es clave.

Por Olga Lucía Bustamante Nos Preguntamos incesantemente por qué las situaciones se repiten sin cesar, aun cuando conocemos sus efectos devastadores. Emociones, hábitos, sustancias y palabras tóxicas, cumplen su objetivo, sin que nos inmute. El egoísmo, convierte en dominadores, dictadores, a quienes lo alimentan. Los vuelve tiranos sometidos a sus bajezas intimidatorias, que son mayores que sus fuerzas y sus convicciones. Parece imposible mantenerlo a raya, porque alimenta el ego y el orgullo. ¿Cómo renunciar a ese placer, si los excesos obnubilan y confunden? El dinero, la fama, la conveniencia y la exuberancia doblegan la voluntad y la humildad. La escasez derrota, humilla y vence. Los celos maltratan, rompen relaciones, hieren y separan. El engaño aleja y oprime. La altanería lastima, la altivez repele, pero, no poseemos la cordura para mirarlos de frente y decirles ¡Ya no más! Miles de años en una rueda incesante de errores, que nos mantienen lejos de ser civilizados. El progreso es esquivo. Existen practicas hoy, tan denigrantes y obsoletas que seguimos siendo reflejo de nuestros antepasados cavernícolas. Los gobiernos y los sistemas tradicionales son víctimas de círculos viciosos de manejos y procedimientos rancios, que han demostrado ser inútiles, pero se insiste, se repite, viene el descalabro y seguimos haciéndonos las mismas preguntas ¿Qué pasó? ¿Por qué? ¿Quién? Desde que el ser humano descubrió que era inteligente, que podía tomar decisiones a su amaño, pudo minimizar la catástrofe social, las tragedias pudo atenuarlas, quizá redireccionarlas, para mejorar entornos y circunstancias. Muy por el contrario, optó por caminar en la sombra, llevando la contraria a las leyes que equilibran. ¡Que torpeza! Hoy entendemos que observando con honestidad el pensamiento propio, podríamos cambiar muchos esquemas mal elaborados, por desconocimiento o ceguera. Para salir de la trampa mental en la que nos hemos sumido, se necesita auto vigilarse. Desarrollar sensibilidad, fortaleza, claridad y deseos de ser mejores. Ni los grandes capitales, ni la soberbia desmedida de la raza humana, ni la inteligencia artificial sofisticada y envolvente, pueden reversar el desastre que hicimos. Ignorar que en esencia somos más de lo que parece que somos, ha sido el talón de Aquiles. Volver a las raíces, al entendimiento innato, a las verdades verdaderas, es abrirle paso nuevamente a la sabiduría del corazón. Este nos rescataría del simple pensamiento, de la cascada de palabras sin sentido ni filtro. Liberar los valores que enterramos, dejar emerger la sensatez, la compasión, la coherencia, el discernimiento y el amor, sería una ruta hecha con cordura y buen juicio. “La aventura podrá ser loca, pero el aventurero ha de ser cuerdo.” Gilbert Keith Chesterton