
Las respuestas ocultas

Un ambicioso invento científico fracasa al no integrar la "chispa" esencial: el amor. La costosa máquina, sin conexión humana, revela la verdadera riqueza, invisible pero fundamental.
Por Olga Bustamante Madrid Los científicos sabían que la máquina debía tener la fuerza, el impulso, el tamaño y grosor necesarios para no desintegrarse. Después de innumerables estudios y pruebas, comenzaron a ensamblar las piezas, cuadraron los tableros de temperatura, velocidad, tiempos… etc. Los materiales tenían que estar de acuerdo con las especificaciones. Cada parte cumplía su función, todo era indispensable, nada sobraba ni faltaba. El sistema operativo era de última generación, el engranaje perfecto para que todo saliera como había sido calculado. El gran invento, creían, que solucionaría muchos problemas no resueltos aún por la humanidad. Llegó el momento de probarla, estaban expectantes. De pronto, algo pasaba. Revisaban cada cosa, había desconcierto. ¿Qué habían pasado por alto? Una diminuta chispa debía saltar para encender todo el mecanismo, un gas invisible y volátil era la fuente que generaría la energía indispensable, pero, los gases conocidos fallaron ¿Por qué? ¿Cuál era ese elemento? Sin él, la imponente y costosa máquina no funcionaría. El jefe del grupo de científicos se retiró pensativo, extenuado, lleno de inquietudes y sin respuestas. Sentía enojo consigo mismo. Llegó a casa, se desplomo en su cama sin percatarse del entorno. Su hijo pequeño lo buscó y se acostó sobre él para darle un abrazo, y no obtuvo respuesta. Su papá estaba allí, pero no estaba, no lo veía, no sonreía como antes, de un tiempo para acá lo veía muy pocas veces…- Papá, papá, juguemos, papá, papá ¡vuelve!… y lloró con un llanto que le salía de adentro, dejando caer muchas lágrimas sobre su rostro. De pronto algo extraño pasó, esas lágrimas hicieron saltar sus lágrimas… papá lo envolvió entre sus brazos y lo abrazó fuerte, había olvidado esa vocecita, ese cuerpecito tibio y tierno. Apretó sus ojos para sentirlo mejor, deseaba que esa emoción no desapareciera nunca… En ese momento hizo conciencia de que su gran riqueza estaba en algo tan pequeño, pero con alma; era la chispa que encendía y le daba valor a su existencia y la tenía casi olvidada. -¡Dios! que tonto he sido. Se percató de que también en su trabajo faltaba otra pequeña chispa. Habían sobrevalorado las apariencias dejando de lado lo importante: el invento carecía de la energía que genera el amor. Solo ahora entendía que la gran máquina no había funcionado porque el propósito no unía a la humanidad, la diezmaba. -¿Qué estábamos haciendo? La humanidad debe apresurarse para encontrar lo que ha perdido, por no saber ver, lo que siempre ha tenido. "Lo verdaderamente importante es invisible a los ojos, solo se percibe con el corazón." (El Principito)