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Opinión

Las reformas sociales

Fernando Negrete Montes
Fernando Negrete Montes
Columnista
29 de mayo de 2025

Las reformas sociales del gobierno enfrentan críticas por enfocarse en la clase obrera formal, dejando de lado a informales y marginados. La reforma laboral actual revive el debate.

Por Fernando Negrete Montes Uno de los mayores problemas que ha enfrentado el actual gobierno nacional en el ejercicio del poder, ha sido el de las llamadas reformas sociales por cuanto parte de la vieja concepción de que la sociedad está dividida en clases irreconciliables y que ahora el turno era voltear lo existente en beneficio del trabajo asalariado representado por la tradicional clase obrera, sin que los sectores marginados y la parte de la población que vive en la informalidad, estén en el centro a la hora de proponer las reformas. Se vio con el proyecto de reforma a la salud que buscó acabar lo existente, así se llevara por el medio no solo la atención y la entrega de medicamentos a los afiliados, sino el mismo sistema de su aliado el magisterio que le trasladó a Fiduprevisora S.A., la responsabilidad de contratar a los operadores que muchos no ofrecían las condiciones para la prestación de los servicios, regando a los docentes a prestadores de salud diseminados en las zonas urbanas y rurales afectando la calidad del servicio. Ahora se discute en el Senado de la República la "resucitada" reforma laboral que, según informes de la ponente de la Comisión cuarta, recoge el 80% de los puntos de la propuesta inicial del gobierno, que sesgaba los beneficios laborales a los trabajadores vinculados formalmente que solo representan el 43% de la población laboral, extendiéndola al 57% restante que trabaja en la informalidad y que no devenga el salario mínimo, no tiene seguridad social (pensión, cesantía) y de hecho, no necesariamente estas personas tienen relación laboral con un "patrón", por cuanto las relaciones sociales de producción, cambiaron con el desarrollo tecnológico. En este escenario, en una equivocada interpretación de la realidad del mercado de trabajo, en donde concurren diferentes tipos de actores: los tradicionales trabajadores que viven de un salario y en los cuales se centraba la propuesta del gobierno, los independientes que tienen sus propios negocios y donde todavía impera el trabajo operativo, los dependientes de la micro y pequeña empresa con remuneraciones cercanas al salario mínimo y las personas que de forma independiente utilizando herramientas tecnológicas, prestan sus servicios y ellos imponen su jornada de trabajo, era injusto dejarlos por fuera o no reglarlos en la reforma laboral en trámite. Hoy se deben considerar los avances en el mercado de trabajo donde por el cambio tecnológico y la revolución en los sistemas de información, la diferencia entre el trabajo operativo e intelectual se tiende a estrechar, demandando nuevas relaciones productivas que requieren libertad del individuo y de la legislación para atender ese contingente de técnicos, profesionales, especialistas, que cada día innovan y cuyo sector servicios brilla por ser el líder de los procesos económicos que exigen romper los esquemas de trabajo ahistóricos y de gobiernos que apoyen estas iniciativas.