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Opinión

Las que mueven el mundo

Glenda K. Fuentes
Glenda K. Fuentes
Columnista
2 de mayo de 2026

Hay una imagen que me gusta imaginar: Marie Curie en su laboratorio de París, a finales del siglo XIX, manipulando elementos que ningún ser humano había tocado antes. No tenía permiso para estudiar en Polonia. No tenía acceso pleno a las academias científicas de Francia. Tenía, sin embargo, algo que ninguna institución pudo quitarle: la certeza de que el conocimiento no tiene género. Ganó dos premios Nobel. Cambió la física y la química para siempre. Y lo hizo en un mundo que prefería que las mujeres miraran desde afuera.

Esa imagen condensa algo esencial: las mujeres no llegaron tarde a la historia. Siempre estuvieron en ella. Lo que llegó tarde fue el reconocimiento. Cada primero de mayo celebramos el trabajo. Pero pocas veces nos detenemos a pensar en la magnitud de lo que las mujeres han construido con sus manos, su inteligencia y su determinación. Rosa Parks no solo se negó a ceder un asiento: rediseñó el mapa de los derechos civiles en Estados Unidos. Wangari Maathai plantó cincuenta millones de árboles en África y ganó el Nobel de la Paz. Malala Yousafzai convirtió una bala en tribuna. Simone de Beauvoir reescribió la filosofía desde el cuerpo y la experiencia vivida. Rigoberta Menchú llevó la voz de los pueblos indígenas hasta los escenarios más poderosos del planeta. No fueron excepciones. Fueron la regla invisible de una humanidad que avanza gracias a quienes trabajan con convicción, aunque el sistema no esté diseñado para facilitárselo. Aunque requiera un esfuerzo adicional lograrlo. En Colombia, las mujeres también han labrado historia sin aspavientos. Las que organizaron comunidades en medio del conflicto. Las que litigaron sentencias que protegen hoy a millones. Las que enseñaron en escuelas rurales sin recursos y con vocación infinita. Las que sostuvieron familias enteras con oficios que la sociedad subvalora pero que sin ellos, el mundo simplemente se detiene. El trabajo de las mujeres tiene una característica singular: transforma. No solo produce bienes o servicios. Construye tejido social, genera sentido, transmite valores, crea futuro. Cuando una mujer trabaja en una clínica, en un tribunal, en un aula, en una cocina, en un laboratorio, en una asamblea, no solo cumple una función. Ejerce una forma de poder que ha tardado siglos en ser nombrada como tal. Hoy primero de mayo es momento de mirar hacia atrás con admiración genuina y hacia adelante con exigencia. Las que vinieron antes abrieron caminos con una valentía que no tenía garantías. Las que vienen después merecen un mundo donde el talento femenino no tenga que demostrar más de lo que ya ha demostrado. El trabajo mueve la historia. Y detrás de esa historia, siempre ha habido una mujer.