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Opinión

Las Mirabal de ayer, las mujeres de hoy: cuando el mundo demuestra que no tiene memoria

Glenda K. Fuentes
Glenda K. Fuentes
Columnista
29 de noviembre de 2025

El 25 de noviembre de 1960, Patria, Minerva y María Teresa Mirabal fueron asesinadas por la dictadura de Rafael Trujillo. No murieron por azar ni por accidente: las mataron por atreverse a desafiar el poder, por negarse al silencio, por ocupar un espacio que históricamente se nos ha querido negar a las mujeres. Su muerte fue un acto calculado del Estado para enviar un mensaje: aquí mandamos nosotros, y las mujeres que se rebelan pagan con la vida.

75 años después, ese mensaje sigue circulando. Cambian los rostros, cambian los países, cambian los métodos… pero la violencia se repite con una precisión que duele. La historia parece no tener memoria. Y el mundo tampoco. En pleno siglo XXI, las mujeres siguen siendo asesinadas por exactamente las mismas razones que las Mirabal: por hablar, por denunciar, por existir en espacios donde su sola presencia incomoda. No hace falta una dictadura formal para que se repita la brutalidad. Basta un Estado que mira hacia otro lado. Basta una sociedad que normaliza la violencia. Basta la impunidad que les dice a los agresores: "Hazlo, no pasará nada". Los feminicidios en América Latina son el recordatorio más crudo de esa amnesia global. Cada día, mujeres desaparecen, son violentadas, silenciadas, asesinadas. Cada día, alguna autoridad minimiza, se burla, archiva, dilata, revictimiza. Cada día, alguien dice "no era para tanto". Y cada día, una mujer menos vuelve a su casa. No hemos aprendido nada si seguimos permitiendo que la vida de una mujer dependa del criterio de quien investiga, de quien atiende una denuncia, de quien decide si una amenaza "es grave" o "no lo es". No hemos aprendido nada si seguimos creyendo que la violencia es inevitable. No hemos aprendido nada si seguimos llamando "casos aislados" a lo que es un patrón estructural. Las Mirabal no son pasado. Son un espejo. Son una advertencia. Son la prueba de que la violencia contra la mujer no es un accidente histórico, es una forma de disciplinamiento social. Y cuando el mundo olvida, la violencia se repite sin pudor: en las casas, en las calles, en las universidades, en los trabajos, en las redes sociales, en los sistemas de justicia. Este 25 de noviembre no es una fecha simbólica. Es un recordatorio incómodo: si seguimos actuando como si la violencia fuera un problema ajeno, seguiremos enterrando mujeres. La memoria no sirve si no incomoda. La indignación no basta si no mueve. Y el "nunca más" no existe mientras la impunidad siga siendo la regla y no la excepción. Las Mirabal abrieron un camino que no podemos abandonar. Honrarlas hoy significa lo más elemental y, paradójicamente, lo más urgente: defender la vida de las mujeres. Aquí. Ahora. Antes de que sea otra tarde más para otra familia más.