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Opinión

Las mejores universidades de Colombia

Valmiro Sobrino Oliveros
Valmiro Sobrino Oliveros
Columnista
15 de noviembre de 2024

La calidad educativa es crucial. Un ranking evaluó universidades colombianas, destacando a la Universidad Nacional. ¿Preocupa el rezago de la Costa Caribe y la expansión sin evaluar la calidad?

Por Valmiro Sobrino Oliveros La calidad de la educación no es una casualidad. Como dijo John Ruskin, “La calidad nunca es un accidente; siempre es el resultado de un esfuerzo de la inteligencia”. Por eso hay entidades encargadas de evaluar el sistema universitario en el mundo y para ello utilizan unos indicadores de gestión que permiten determinar la excelencia. Por ejemplo, el Ranking U-Sapiens en su boletín de este semestre ha evaluado 100 instituciones de educación superior en Colombia con los siguientes indicadores: reputación académica; reputación entre empleados, profesores por número de estudiantes; profesores con doctorado; actividad y movilidad internacional; publicaciones por académico; citaciones por publicación; red internacional de investigación e impacto web; revistas científicas y grupos de investigación. Estos parámetros se evalúan conforme a la medición de entidades extranjeras como la “Clasificación Carnegie”. De las veinte mejores universidades evaluadas con el primer lugar de la Universidad Nacional de Colombia, en la Costa Caribe aparecen dos universidades solamente: La Universidad del Norte de Barranquilla que se encuentra en el puesto 10 y la Universidad de Cartagena en el puesto 16. Llama la atención que la educación superior en la Costa esté tan rezagada. Es interesante esta datificación porque de una manera populista se viene hablando con insistencia por algunos actores con poco rigor científico de la urgencia de extender cupos universitarios a tutiplén y de abrir cuanto programa universitario se pueda en las regiones. Esta política es peligrosa a largo plazo porque se van a entregar unas futuras generaciones de estudiantes mediocres y lo que se creía era un bien para la juventud puede terminar en una frustración colectiva. El problema no reside en la cantidad de universitarios que saquemos como si fuera una fábrica de baldosas, sino en la calidad de lo que vamos a construir en la juventud. Por eso, antes de diseñar nuevos cupos y crear nuevas instituciones periféricas, hay que evaluar de antemano la calidad que se va a ofrecer; valga un ejemplo, con cuántos profesores con doctorado por número de alumnos se cuenta para abrir o ampliar determinado programa. El país necesita redireccionar su educación, en primer lugar, en las profesiones que las sociedades y las nuevas tecnologías del futuro necesitan y en segundo lugar en la calidad (excelencia). El populismo no cabe en el modelo educativo de ningún país que quiera llegar al club de los grandes.