
Las mascotas

Las mascotas mejoran la salud cognitiva y emocional, especialmente en mayores de 65 años. Estudios revelan beneficios como menor estrés y mayor actividad, abriendo potencial terapéutico.
Por Remberto Burgos de la Espriella Sabemos que las mascotas pueden retrasar el deterioro cognitivo y especialmente en un país donde el 50 % de sus habitantes tienen animales en casa. Mejores puntuaciones cognitivas en los mayores de 65 años que tenían una mascota en su hogar. Superior actividad física, menor estrés y más chance para socializar son los tres puntos cardinales: es la relación. No solo eso, la determinación de cortisol es menor en aquellos individuos que estaban con mascotas conocidas cuando se comparaba con animales cuyo contacto inicial era el primer encuentro. La interacción con las hormonas es franca: se acrecienta la oxitocina, la vasopresina y las endorfinas. Estas son consideradas responsables del bienestar y felicidad. Se empequeñece el cortisol, por lo tanto, se controlan las situaciones de estrés y la tensión arterial disminuye. Además, se aumenta el poder de las ondas relacionadas con la relajación y la concentración. Intervenciones asistidas por animales es la primera conclusión y abre gran potencial terapéutico. Los perros son como las esponjas, somatizan las emociones de sus dueños. Los canes participan en las esferas sociales, cognitivas, la memoria y la atención. Son grandes reguladores del comportamiento y de las proyecciones colectivas del individuo y son una herramienta que muchos médicos olvidamos. Los beneficios emocionales y cognitivos, fisiológicos y terapéuticos son significativos, particularmente cuando se juega con perros. Hay un aumento de las emociones positivas y se incentiva la memoria. Estudios con registro de EEG (electroencefalograma) demostraron oscilaciones de las ondas beta en donde los participantes se sintieron más relajados y menos deprimidos o fatigados, se informó menos estrés en los copartícipes. Se concluyó además que la corteza prefrontal está afectada y este vínculo emocional sustenta las interacciones humano-animal. Un grupo de investigadores midieron el flujo sanguíneo cerebral en el área prefrontal y seleccionaron dos grupos. Allí está el núcleo de la cognición social. Notaron que la actividad del flujo se aumentaba cuando se jugaba o interactuaba con el animal vivo y no existía ningún cambio cuando se les presentaba uno de peluche o de felpa. Se extendió la conclusión preguntando qué pasaría con un robot mascota (no requiere alimentación o cuidados especiales) y en un futuro próximo, tendrán características especiales. Quizá estas mascotas robot provoquen una respuesta de confort similar a la de los animales vivos. Diptongo: el proyecto de reforma laboral en curso incluye poder llevar mascota de apoyo emocional al trabajo. ¿Cuántas guarderías para perros necesitamos?