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Opinión

Las máscaras comunitarias

Jaime De La Ossa Velásquez
Jaime De La Ossa Velásquez
Columnista
4 de septiembre de 2024

En el siglo XXI, la dependencia a las redes sociales y la búsqueda de aprobación online dominan. Analizamos la peligrosa adicción y la veracidad de sus contenidos.

Por Hernán de la Ossa El ser humano es un animal gregario (acostumbrado a vivir en sociedad) que evoluciona a lo largo de la historia para sobrevivir en las condiciones diversas que cambian en su entorno. La vida del homo sapiens (hombre sabio) transcurre entre los vericuetos de la contemporaneidad latente, que lo lleva a comportarse de acuerdo a tendencias determinadas que propenden a la búsqueda de la aceptación general de sus congéneres. Pues bien, el siglo XXI ha sido demarcado por la tendencia de las redes sociales. En el último quinquenio, donde se han disparado los fenómenos sociales emergidos del ingenio colectivo de cara a una revolución cibernética, el ser humano ha demostrado una dependencia severa a la búsqueda de aprobación social a través de las cámaras móviles. El caso es preocupante porque, si bien las redes sociales son el método más didáctico para interactuar con el mundo y estar informados, han puesto de presente lo riesgoso que resulta una adicción crónica a estas y los estragos progresivos que representa estar inmerso la mayoría del tiempo en la pantalla de un teléfono celular. Un depredador acechante para los niños del milenio. Pero el tema en cuestión no son las afecciones producidas por los celulares, ni el tipo de contenido que encontramos en las redes sociales. El punto álgido radica en las verdades que consumimos a diario y la decisión de hacerlas o no, nuestras. Para nadie es un secreto que facebook, instagram y el resto de las redes sociales emergentes no son más que máscaras comunitarias que muestran lo mismo, irrealidades ostentosas y paraísos perdidos. Los usuarios muestran lo que quieren que sus "seguidores" vean de ellos y omiten sus realidades funestas, siempre y cuando no generen escándalo con un alud de visualizaciones. Ergo, creer en el contenido de redes sociales es creer en las utopías del mundo, es desear vidas de papel y en ocasiones ser víctimas de la desinformación, si es informarse el fin elegido. Resumido en un aparte, es "vivir engañados". Postdata: debo reconocer que la desinformación, la mentira y la irracionalidad, aunque son una constante, no son predominantes. Existen en la amalgama de contenidos, especies raras y constructivas que culturizan y entretienen. Hay humor inteligente, historia y crecimiento espiritual entre otros temas benignos para una sociedad ávida de crecimiento y enriquecimiento. Pero como decía Rafael Gómez, "el gallo" torero sevillano "… hay gente pa' to'."