
Las enfermedades que también juegan el mundial

Cada Copa del Mundo moviliza millones de personas a través de aeropuertos, terminales, hoteles, estadios y espacios públicos. Es una celebración global del deporte, la cultura y el encuentro entre naciones. Pero también representa uno de los mayores ejercicios de movilidad humana del planeta, y con ello surgen retos importantes para la salud pública.
Cuando miles de personas provenientes de distintos países se concentran en los mismos lugares, aumentan las posibilidades de transmisión de enfermedades infecciosas. No es una situación nueva ni inesperada. Los grandes eventos internacionales han permitido durante décadas fortalecer la capacidad de respuesta de los sistemas de salud precisamente porque obligan a prepararse con anticipación. Los viajeros pueden encontrarse con enfermedades que no circulan habitualmente en sus lugares de origen o exponerse a microorganismos frente a los cuales no cuentan con protección suficiente. Influenza, COVID-19, sarampión, tos ferina e incluso algunas enfermedades transmitidas por mosquitos forman parte de los eventos que tradicionalmente son objeto de vigilancia durante este tipo de encuentros masivos. Por esta razón, mi principal recomendación para quienes planean viajar a una sede mundialista es que, además de preparar muy bien el equipaje, verificar el hospedaje y las entradas al estadio, también revisen su carnet de vacunación, y que lo hagan mucho antes de abordar el avión. Las vacunas constituyen la herramienta más efectiva para reducir el riesgo de enfermar y para evitar que una persona se convierta, sin saberlo, en un vehículo de transmisión al regresar a su ciudad de origen. Un viajero protegido cuida su propia salud y también protege a su familia, a sus compañeros de trabajo y a toda su comunidad. Es especialmente importante verificar esquemas contra sarampión, rubéola y paperas, así como las vacunas recomendadas según edad y condición de salud. Los adultos mayores, las mujeres embarazadas, las personas con enfermedades crónicas y quienes viajan con niños pequeños deben prestar especial atención a estas recomendaciones. Así como se apela a la responsabilidad de los viajeros, las ciudades receptoras deben fortalecer sus sistemas de vigilancia epidemiológica, garantizar la capacidad de respuesta de los servicios de salud, mantener canales efectivos de comunicación de riesgo y coordinar acciones entre autoridades sanitarias, aeropuertos, hoteles y organizadores de eventos. La experiencia internacional demuestra que los mayores éxitos en salud pública durante eventos masivos no son notorios al instante, sino que ocurren cuando se evita que las emergencias sucedan. La preparación juiciosa suele ser mucho más efectiva que la reacción apresurada. El fútbol tiene la capacidad de unir continentes, idiomas y culturas. Esa misma conectividad que hace posible una fiesta mundial también exige responsabilidad compartida. Viajar informado, mantener las medidas básicas de prevención y estar al día con las vacunas son acciones sencillas que generan un impacto enorme. Al final, el mejor recuerdo de un Mundial debería ser un gol inolvidable, una celebración histórica, una foto con tu jugador favorito, o una experiencia de vida. Nunca una enfermedad que pudo prevenirse con anticipación.