
Las cuatro patas del gato

El cierre de 'Caregato' celebra la recuperación ambiental en San Jacinto del Cauca. El autor reflexiona sobre la herencia zenú, el mestizaje y las bases para el desarrollo regional: cultura, educación, turismo y empresa.
Por Ensuncho De La Bárcena Desde estas líneas me sumo al coro de alegría que produjo el cierre de la boca de 'Caregato', en tierras de San Jacinto del Cauca. Hay mucho que aprender de estos casi tres años con el agua al cuello y del desastre ambiental producido por el mercurio usado en la minería ilegal del río Cauca. Espero que las administraciones locales, departamentales y el Gobierno empiecen a ejecutar el plan de recuperación de Panzenú, antiguo reino de las aguas. Así le llamo a nuestra fértil e inspiradora región y no "Mojana", me explico. Hace más de mil años la Civilización Zenú tejió entre nuestros ríos, caños y ciénagas, un sistema hidráulico que se considera el más extenso del mundo. Una colosal obra de ingeniería que hoy es imposible replicar o recuperar. Se calcula que, en algo más de 700 mil hectáreas, nuestros sabios ancestros zenúes supieron canalizar las aguas que se crecen en la temporada de lluvia en los ríos San Jorge y Sinú, al igual que en los caños Rabón, Carate y otros. De esta manera podían pescar en los canales y cultivar yuca y maíz en los montículos de tierra seca, durante todo el año. Además, fueron alucinados orfebres, exquisitos ceramistas y músicos notables. ¿Cómo lo lograron? Aún estamos en mora de respondernos esta pregunta. A finales del siglo XV la Civilización Hispánica introdujo en nuestro continente su manera de comprender el mundo. Y comenzó el extraordinario mestizaje que nos identifica. Nuestros antepasados españoles introdujeron la ganadería bovina, el cultivo del arroz y de la caña, además del comercio de mercaderías del viejo mundo. Nuestros antepasados africanos nos trajeron múltiples frutos, como el ñame y la sábila, y un sentipensamiento acumulado de múltiples civilizaciones desde el origen de nuestra especie. La Civilización Mesopotámica, que originó el mundo judío y el mundo musulmán, se hizo presente entre nosotros a través de nuestra rica herencia sefardita y mozárabe. Esta suma de grandeza es el origen real de lo que somos. Por eso estamos llamados a sembrar el mundo de arte, nobleza y alegría. Y lo haremos posible si comprendemos, entre todos, que la mesa de nuestro desarrollo real tiene cuatro patas: Cultura, Educación, Turismo y Empresa. Porque es comprendiendo de dónde venimos que podemos enseñar a nuestros niños y jóvenes a amar lo que somos desde nuestras escuelas, colegios y universidades. Y, de esta manera atraeremos a los viajeros del mundo que están ávidos de experiencias significativas de naturaleza, paisaje, agricultura, música, pesca, literatura, religiosidad, pintura, comercio justo, teatro, sobrevuelos en globo aerostático y cine. ¿Así o más claro, queridos lectores?