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Opinión

Lágrimas futboleras

Rafael Negrete Quintero
Rafael Negrete Quintero
Columnista
22 de mayo de 2024

Jürgen Klopp deja el Liverpool tras una exitosa etapa, marcando el adiós con victoria. La partida del DT alemán contrasta con la tristeza en Colombia por derrotas y críticas a jugadores.

Por Rafael Negrete Quintero Entre lágrimas se despidió este domingo el entrenador alemán, Jürgen Klopp, del Liverpool, el equipo al que llevó a lo más alto de la tabla en la Premier League y a disputar puestos de honor en la Liga de Campeones. Un hecho que estaba cantado desde comienzos de año cuando anunció que se retiraría de las canchas para tomar un año sabático y disfrutar en familia. Colombia le debe el fichaje de Lucho Díaz y el brillo del jugador en esa constelación de estrellas del balompié. Que el nuestro tenga ese nivel superlativo que hoy ostenta es producto de la competencia en esa liga y de la táctica inculcada por un técnico y un equipo de primer nivel mundial. Ahí estuvo siempre apoyándolo, incluso en lo extrafutbolístico, como cuando el padre del colombiano fue secuestrado. Que el equipo lo haya despedido con victoria y la afición lo recuerde con tanto cariño, habla bien del timonel. Aun en medio de la celebración del campeonato de liga por parte del Manchester City, ese mismo domingo, el técnico rival, Pep Guardiola, tuvo palabras de admiración para con quien hoy se despide. Al borde del llanto, por supuesto, producto de la tristeza que embarga a quienes reconocen en los otros a grandes seres humanos. Pero, así como está el lado alegre de las lágrimas, también está el lado triste y ese lo vivimos en Colombia este fin de semana con la derrota de un equipo capitalino. Los hinchas de Millonarios llevaron al borde del llanto a uno de sus principales emblemas, David Macalister Silva, cuando al ser consultado por los medios confesó que se habían metido con sus hijos. "Ellos no juegan, el que juega soy yo", dijo el jugador frente a las cámaras. Un hecho que ejemplifica que, así como el fútbol saca lo mejor de la gente, a veces saca lo peor. Una advertencia para su técnico, otro que también devolvió a las gallinas a los primeros lugares de la tabla durante los últimos años, pero que hoy es denostado por las malas actuaciones y los malos resultados del equipo. Hace tan solo seis meses, los hinchas lloraban de alegría y se enorgullecían de Gamero y de Maca; hoy son los blancos predilectos de la rabia contenida de la turba que condena. Ojalá se imponga la cordura antes de que pase algo peor. Las lágrimas en el fútbol deberían ser siempre como las primeras, de alegría, y no como las segundas, de rencor e impotencia. Les serviría a todos sentarse y reflexionar. Suficiente tenemos con los ídolos mal idos, suficiente tenemos con el acontecer nacional.