
La vorágine del Darién

La selva del Darién, un infierno verde, se convierte en ruta migratoria. Miles, huyendo de la pobreza y controles fronterizos, arriesgan sus vidas en busca del sueño americano.
Por Eusebio Canabal Restrepo Vorágine: Torbellino. Mezcla de sentimientos muy intensos. Aglomeración confusa de cosas en movimiento. En el 2021 atravesaron a pie la selva del Darién aproximadamente 130.000 personas. De esta cifra aproximadamente 20 mil eran niños. En 2022 fueron 248.000, la mayoría de nacionalidad venezolana. Venezolanos, cubanos, haitianos, indochinos y africanos convergen en el Urabá con el propósito de cruzar la frontera panameña para seguir hacia la frontera entre México y EUA, esperanzados de que logrando tocar suelo estadounidense podrán postularse para recibir visa humanitaria. En Necoclí, principal municipio receptor, en un solo día han arribado hasta 15 mil personas. Tal aglomeración afecta el incipiente turismo que se mantiene en la zona, y convierte a los migrantes en blanco de traficantes y especuladores. Los cubanos y haitianos vienen desde Chile, a donde llegaban en avión beneficiados con visado por parte de ese gobierno. Por su parte, los indochinos y africanos llegan en barco hasta Brasil, continúan por Ecuador hasta Colombia para finalmente alcanzar Necoclí, desde donde zarpan en maltrechas lanchas hacia el puerto de Capurganá, al otro lado del golfo, punto desde donde iniciará su peregrinaje de 260 km. jungla adentro. La mayoría ignoran la geografía del lugar siendo incapaces de dimensionar el tenaz recorrido que les aguarda. Miles de hombres, mujeres y niños buscando una mejor vida enfrentarán la vorágine de una selva sofocante: a las fieras salvajes; al hambre; al calor agotador; a grupos armados; y bandas de asaltantes. Mientras Cuerpos descompuestos de otros migrantes regados a lo largo de senderos de tremenda belleza natural les van marcando la ruta al norte. ¿Cuál es la causa que hace que miles de seres humanos decidan atravesar a pie ese infierno verde que es el Darién? La causa principal parece ser el incremento en los controles migratorios en países de la región. Recurren los migrantes a esta ruta al no poder contar con visa para llegar por avión a países más cercanos a la frontera de EUA, viéndose entonces obligados a atravesar el Darién, ya que la carretera Panamericana, convertida en corredor migratorio y que conecta al continente americano desde Alaska hasta Argentina, es interrumpida por ese tapón de selva agreste. Para el caso puntual de los cubanos, al suprimirse en el 2017 La política de «pies secos, pies mojados» (en inglés; wet feet, dry feet policy), el gobierno estadounidense ya no acoge a los balseros provenientes de la isla que hayan logrado tocar su suelo. Ha tomado preponderancia una nueva ruta: se llega hasta la isla de San Andrés y desde ahí se zarpa hacia Nicaragua. Así se evita esa marcha mortal de 10 días por la selva, pero se corre el riesgo de naufragar. ¿Qué es lo que hace que tantas personas abandonen sus países y emigren a otros lugares? Para cubanos y venezolanos es la desesperanza de vivir bajo regímenes socialistas que mediante desatinadas medidas económicas inspiradas por puro idealismo revolucionario destruyeron sus aparatos de producción, acabando con el empleo. El radicalismo político ha convertido a estos dos países en países masivamente pobres, de gente desposeída y forzada a emprender una triste diáspora. La sucesiva llegada de miles de seres humanos implica un desafío enorme para los países receptores. La atención a esta crisis humanitaria implica la destinación de esfuerzos y recursos públicos para contrarrestar la delincuencia, inseguridad, insalubridad y desorden que se derivan de ella. Colombia, Panamá y México no pueden sortearla solos, mientras que los países de donde provienen los migrantes guardan silencio al respecto.