
La vida real no tiene filtros

El XII Foro de Investigación en la Universidad del Sinú debatió si la comunicación social refleja la realidad. Reflexionó sobre la necesidad de una comunicación rigurosa para mediar y solucionar conflictos sociales.
Por Arianna Córdoba Díaz* Bajo el inquietante título "La comunicación como acción significante de las realidades sociales" se realizó esta semana el XII Foro de Investigación del Programa de Comunicación Social en la Universidad del Sinú – Elías Bechara Zainúm, espacio en el cual fueron socializados varios de los más destacados trabajos adelantados por los estudiantes del programa en este primer semestre del año. Y es inquietante sí, porque más allá de producir temor, nos lleva a plantearnos la pregunta ¿refleja la comunicación social – periodismo la realidad de una sociedad? y ya sabemos lo que ocurre cuando una inquietud ronda la mente de un comunicador: no descansará hasta encontrar una respuesta que le satisfaga. Pues bien, son varias las aristas que se pueden abordar de la pregunta formulada, pero limitémonos a unas pocas por efectos del espacio y para no aburrir a los lectores. Primero: reconocer que si abordamos la realidad desde una óptica diferente a las que nos ofrecen las pantallas de los celulares y las incesantes morisquetas de los "tictocker" para llamar la atención, o las envidiadas fotografías con filtros y más filtros que inundan Instagram, nos toparemos con una realidad, es cierto, un poco más opaca de lo que quisiéramos, porque en efecto, la vida real no tiene filtros que suavicen las dificultades de la cotidianidad, ni que ponga un término medio, por ejemplo, a la polarización que cada día en Colombia se profundiza al menos dos centímetros más. Cuando nos enfrentamos a esa realidad social, que es distinta para cada barrio, cada hogar cada persona, es posible que no podamos asimilarla y busquemos desesperadamente interpretarla desde nuestra perspectiva, que es válida, pero que no corresponde a la verdad. Reconocer la realidad tal cual es, puede ser doloroso, especialmente cuando es la de nosotros mismos, porque cuando nos miramos en el espejo de la verdad, es posible que nos encontremos con muchos menos superpoderes de los que creíamos, pero después de ese primer gran susto, todo será más sencillo; partiendo de saber lo que somos y el papel que cumplimos dentro de la sociedad, podremos entonces sí, reconocer nuestro entorno y encontrar esos puntos que nos conectan con muchos o pocos humanos más, lo que nos dará la certeza de no estar solos, sino que hacemos parte de un conglomerado lleno de incertidumbres sí, pero también de esperanzas. Es ahí donde entra en juego la comunicación, pero la rigurosa, es la que llega a mediar como un punto de convergencia en el que haya espacio para todas las diferencias sin que se pierdan ni los estribos ni la cordura. Es pues un llamado a tomar en serio la comunicación como ciencia que permite no solo el reconocimiento de las realidades sociales, sino que interviene para hallar la solución de conflictos y la reconciliación entre nosotros y con nosotros mismos.