
La vida de los otros

El escándalo de las "chuzadas" en Colombia, con Pegasus como telón de fondo, revive la fascinación por espiar. Leyes ambiguas y falta de control abren la puerta a la vulneración de la intimidad y el abuso de poder.
Por Carlos Vargas Rodríguez Con todo este escándalo de las supuestas chuzadas y de la utilización del software espía Pegasus, por parte de organismos de seguridad del Estado, que sería el mejor escenario (y no que otros actores extraoficiales, nos estén escuchando), surgen muchas preguntas y conjeturas al respecto. En la historia de la humanidad siempre ha existido una fascinación por tratar de averiguar qué piensan o hablan otras personas, en algunos casos por simple actitud voyerista y en otros, que es la mayoría, como un mecanismo de obtención y afianzamiento de poder. Incluso, señalan algunos especialistas, que el deseo de averiguar por la vida de los otros es un problema patológico. Aparatos dictatoriales encontraron en las escuchas ilegales su mejor aliado, tal como lo usaron durante los últimos años de existencia de República Democrática Alemana la policía secreta, Stasi (siglas de lo que era su órgano de inteligencia) y que dio para el guion de una fantástica película alemana, con el mismo nombre de esta columna: la vida de los otros. La historia se centra en Berlín. Este en 1984, cuando un líder político del ministerio del interior le ordena a la policía secreta que espiara a un intelectual, un escritor del cual desconfiaba el sistema, se consideraba que podía ser un espía. Esta era la excusa que motivó la operación, pero en realidad lo que deseaba conocer el oscuro político, eran detalles de la relación amorosa que tenía el escritor con una actriz de la que estaba enamorado. No entrego más detalles sobre la historia, pero recomiendo verla, es fantástica. Pero uso el título de la columna y la reseña de la cinta para interiorizar en el presente lo que nos puede estar sucediendo en Colombia. Aquí, en medio de las coyunturas de seguridad, políticas y sociales que hemos tenido, algunos han utilizado el “río revuelto” para beneficiarse de las escuchas ilegales como un mecanismo de poder político y económico. Las leyes en Colombia, al contrario de los que muchos creen, son muy claras en señalar que nadie puede ser vulnerado en su intimidad, salvo que medie una orden judicial, lo demás no existe en la legislación nacional, pero algunos lo quieren interpretar a su acomodo, pero lo reitero, no hay justificación para que, aparte de una orden judicial, se permita una vulneración de la vida privada. Uno de los problemas, es que, en el campo de la inteligencia, (no en el ámbito de la policía judicial) la ley de inteligencia colombiana tampoco hace suficiente claridad sobre lo relacionado con el control del espectro e interceptación de comunicaciones en el marco de la seguridad nacional. Se encuentran muchas zonas grises y es precisamente por esto que existen diversas líneas de interpretación. Como no hay claridad, se abren brechas para que se vulneren derechos constitucionales, por esta razón es necesario que se revise el contenido de la ley de inteligencia y se cierren estos vacíos con normas acordes a las necesidades que un estado tiene en materia de seguridad nacional. En estos momentos con la paranoia que hay sobre “chuzadas” se ha descuidado la seguridad del país, la DNI en este gobierno ha pasado de mano en mano y está actualmente en la dirección, una persona que fue el jefe de bomberos en la alcaldía Gustavo Petro y por el otro lado en la Dipol (dirección de inteligencia de la policía nacional ) otrora joya de la corona por sus grandes resultados, el vilipendio y la estigmatización, afloran al punto de que me imagino, sus integrantes personas con experiencia, trayectoria y logros demostrados por el bienestar del país, que tristemente se desconocen, (porque así son los hombres de inteligencia, humildes con los éxitos) deben de estar temerosos de usar sus capacidades ante el riesgo de ser cuestionados. Aquí no se puede aplicar el símil de esconder el sofá, para solucionar el problema. Hay que actuar con sensatez y mucha responsabilidad frente a la coyuntura actual sin descuidar nuestra propia seguridad nacional. Las amenazas externas son iguales o más peligrosas que las internas.