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Opinión

La vida a los cincuenta, un punto de inflexión

Susana Viera
Susana Viera
Columnista
19 de mayo de 2024

A los 50 años, la autora reflexiona sobre la vida, la madurez y la autocrítica en una columna que aborda el paso del tiempo, la emancipación y la búsqueda del equilibrio.

Por Susana Viera Con mucho temor a releerme y encontrar mis desaciertos ortográficos y hasta disonancias cognitivas, solo me atrevo a leer los títulos de mis columnas de los últimos cinco años que he dedicado a este lugar de privilegio, donde me he expresado en forma evolutiva, desde un lenguaje inicialmente pletórico hasta otro comprensible y sencillamente incluyente. Sigo en progreso por el camino de la rigurosidad consciente, eso denota respeto y compromiso conmigo, y mis lectores, por quienes siento gratitud del alma. "Si la vida fuera estable todo el tiempo (…)" cantaba el legendario Diomedes Díaz, pero la vida no es plana y muchos lo sabemos. Entonces heme aquí, enfrentando este momento existencial (medio siglo de vida), cuando las palabras parecen atascarse entre la mente y los labios, mucho más que a los 25 años, edad en que el ahogo aparece como una sentencia de adultez donde se exige el carácter forjado o madurez, es decir, hablar menos y decir más, con la tolerancia de Job y la abnegación de Moisés, cuando en verdad hay un apremio de gritos de emancipación, una urgencia manifiesta de usar ese cheque en blanco llamado libre albedrío. Ciertamente, las mujeres actuales no somos y tampoco nos vemos iguales a las de 50 años de hace una o dos décadas. Y, aún no sé, hacia dónde van las generaciones emergentes, obsesionadas con la cultura del cuerpo sano o cuerpo quirúrgico. Lo cierto es que, el temor al ocaso físico aún le lleva ventaja al ocaso intelectual, lastimosamente. Y no es un juzgamiento, es una simple observación del entorno. Si todos lleváramos un cuadernillo como Kitty, el diario de Ana Frank, quien en su corta vida dejó tan profundas enseñanzas, y si pudiéramos ponerles títulos a nuestras vivencias y pensamientos, y releernos, quizás podríamos ser autocríticos y corregir nuestros errores para no repetirlos en el siguiente capítulo, década o en la siguiente columna. Pero no, la vida es inestable, compleja, mañosa y no tiene un borrador. ¿Es un predicamento a los 50 años, no haber logrado el punto de equilibrio emocional, profesional, financiero, social y familiar? Debo recalcarles que no es nada fácil pretender el éxito de Jlo o Sofía Vergara, aunque quiero creerle a un amigo Turco con nacionalidad estadounidense que a pesar de tantas dificultades tiene sobradas razones para decir que "todo es posible". Y más allá de la menopausia o la andropausia, los aciertos y desaciertos de cinco décadas, más lo que falte por hacer, nos compete individualmente superar el punto de inflexión existencial.