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Opinión

La túnica inconsutil

Valmiro Sobrino Oliveros
Valmiro Sobrino Oliveros
Columnista
6 de octubre de 2023

El milagro de la túnica de Jesús, que creció con él, se repite hoy en Colombia. Populistas, como falsos mesías, exhiben soberbia y avaricia con discursos vacíos, engañando al país.

Por Valmiro Sobrino Oliveros Los apóstoles lo seguían a la orilla del Tiberiades. Ni el mar de Galilea ni los propios apóstoles advertían un milagro. En su parte norte estaba Cafarnaúm, ciudad donde vivía. Cuando apareció en la región de Galilea predicando el evangelio Jesús tenía puesta la misma túnica que lo cubría a los doce años. La túnica creció junto con él porque era una túnica inconsútil. Ni los apóstoles ni el pueblo de Judea advirtieron el milagro de que era la misma túnica que usó desde la niñez, que no se lavaba ni se cambiaba ni se desteñía ni se ensuciaba. La pintura de Tintoretto (pintor italiano) de Jesús caminando sobre las aguas del mar de Galilea lo dice todo. Absortos en la caminata de Jesús sobre las aguas del Tiberiades como lo narran tres evangelistas, no advirtieron nunca el milagro de la túnica. Dos mil años después el milagro se ha repetido en Colombia pero no precisamente para salvar la humanidad sino para salvar sus más furtivos y truculentos apetitos. Algunos creyéndose a sí mismos como designados por la providencia, se creen un mesías enviado por la divinidad y consideran que sin ellos el país no puede salvarse; se creen imprescindibles y tratan de convencer a la nación de que fuera de ellos no hay salvación. Como en la túnica del Nazareno les crece la soberbia y la avaricia, recurren a discursos grandilocuentes y vacíos, a propuestas inalcanzables y a fanfarrias ideológicas altisonantes. Se les conoce con el nombre de populistas de izquierda o de derecha, y son fácilmente identificables no tan solo por su megalomanía indisimulable sino por sus actitudes ególatras y ridículas. Se presentan a reuniones convocadas con comités de aplausos pagados, porque el narcisismo del supuesto mesías necesita del halago permanente, vistiendo prendas estrambóticas para llamar la atención, usando poses dramáticas y teatrales como si estuvieran en una función teatral y pronunciando largas peroratas plagadas de sofismas para engañar a incautos. No durarán para siempre; al final, como en el teatro clásico griego de la antigüedad, se le caerán las máscaras y se identificarán sus verdaderas caras. Pero mientras tanto, al contrario de lo que ocurrió con la túnica del Nazareno, que por ser inconsútil creció junto con él para facilitarle su misión sobre la tierra, a estos caballeros les sigue creciendo su capacidad de engañar a Colombia.