
La trepada del tigre

A pocas horas de que se abran las urnas, Colombia respira política por todos los poros. Esta semana no se ha hablado de otra cosa: conversaciones cargadas de odios y amores, de esperanza y miedo, de cambio y continuidad. Y en medio de ese torbellino electoral, una figura ha venido creciendo con una solidez que ya no puede ignorarse: el Tigre. Empecemos por lo evidente. La campaña de Paloma ha optado por dirigir sus ataques hacia Abelardo en lugar de enfocarse en su verdadero adversario ideológico, que es la izquierda representada por Cepeda.
Eso no es estrategia política, eso es desesperación. Es la reacción natural de una campaña que se desinfló, que perdió el rumbo y que hoy enfrenta una realidad que sus propias encuestas internas no pueden disimular: una Paloma que ya no vuela, literalmente desplumada ante los ojos del electorado Colombiano. Cepeda, por su parte, tocó techo. Así lo confirman todas las mediciones, los analistas nacionales e internacionales y la dinámica misma de las plazas públicas. Su propuesta no logró expandirse más allá de su base ideológica y los Colombianos, con criterio, han ido entendiendo que más de lo mismo no es la solución que este país necesita. Mientras tanto, el Tigre ha venido trepando con una coherencia que enamora. Su discurso ha resonado en todos los rincones del país porque habla de lo que los colombianos sienten: que somos una nación con valores, con fe y con ganas de salir adelante. Nosotros no somos Cuba ni Venezuela. Somos testigos diarios del modelo fracasado de la izquierda en esos países. Lo vemos en cada esquina cuando un migrante venezolano sobrevive del rebusque, cuando escuchamos la precariedad que atraviesa el pueblo cubano hoy. Ese no es el futuro que queremos para nuestros hijos. Colombia es un país donde la inteligencia es peste. Somos una sociedad mayoritariamente católica, respetuosa de la libertad de culto, convencida de que la familia es el núcleo fundamental de la sociedad y comprometida con el respeto a la Constitución Política. Somos un pueblo que quiere que sus hijos crezcan, se eduquen y aporten al país que tanto amamos. Los buenos somos más. Siempre lo hemos sido. Y mañana tenemos la oportunidad histórica de demostrarlo en las urnas. Esta elección no es solo entre candidatos; es entre dos visiones de país absolutamente distintas. Una que nos lleva hacia la prosperidad, la seguridad y la oportunidad para todos, y otra que ya demostró en otros territorios adónde conduce. Compatriotas, en nuestras manos está enrutar esta nación hacia un horizonte mejor. Mañana no lo dudes: eligen bien y ponle la raya al Tigre. ¡Abelardo Presidente!