
La "trapea" de Benedetti

El exembajador Armando Benedetti, figura clave en la campaña de Petro, desató su resentimiento en grabaciones filtradas. Reveló disputas, exigencias incumplidas y un estado alterado.
Por Félix Manzur Jattin Nada en la tierra consume más rápidamente a un hombre que la pasión del resentimiento decía el filósofo Aleman Friedrick Nietzche. Armando Benedetti Castañeda, exembajador en Venezuela, fue uno de los principales alfiles en la campaña que llevó a Petro a la presidencia. Según sus propias palabras armó cientos de discursos y miles de reuniones, concentraciones, foros, seminarios en todo el país y le consiguió alianzas políticas y según sus propias palabras $15 mil millones para la campaña. Como quiera que fue un notable colaborador de la campaña se creyó minimizado, despreciado y hasta mal tratado en el gobierno del cambio. Armando consideraba que sus esfuerzos lo hacían meritorio de ser designado Ministro del Interior o Canciller de la República hoy sacudida por escándalos suscitados por el resentido exsenador y exembajador. En las grabaciones con Laura Sarabia, por cierto recomendada por Benedetti, destila odio y resentimiento por los tratos de quinta que le daban. Pedía audiencia en el Palacio de Nariño y lo hacían esperar horas para al final no atenderlo. La verborrea de Armando fue una ametralladora de resentimiento. Aducía que ni siquiera lo tuvieron en cuenta para cargos menores a sus amigos y que su antigua funcionaria, hoy trabajando en Palacio, hasta lo engañaba y desconocía como también el Presidente pese a que él la había recomendado. Emil Cioran decía, que el rencor proviene de no quedar satisfecho con lo que nuestras posibilidades nos lo permiten y eso no se le perdona a nadie. Benedetti destila insultos, resentimiento, amargura, odio. Se siente desplazado, traicionado, apartado de un mejor cargo al que aspiraba. Pues bien, el locuaz ex embajador en Caracas en malograda entrevista con Vicky Dávila, hasta reconoce que consume vicio y que estaba bajo los efectos del dios Baco con una "trapea" o traba pea, que lo puso hablar más de la cuenta: fue vago, difuso, incoherente. Negó saber quién le dio los $15 mil millones y hasta pidió perdón por las grabaciones muchas en estado de borrachera. Lo curioso es que estas incoherencias y dubitativa posición no constituirán prueba fehaciente ante un proceso penal y político contra el Presidente. Tirar la piedra y esconder la mano no es prueba del tiraje y la verborrea del citado exembajador a no ser que más adelante la suelte toda y se forme el mierdero como él mismo lo dice. De lo contrario no sería más que un chisme y envalentonamiento rabioso producto del resentimiento y malos tratos en sus exigencias.