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Opinión

La tierra tembló sobre un sistema fracturado

José J. Vergara Díaz
José J. Vergara Díaz
Columnista
1 de julio de 2026

No me estoy refiriendo a sistemas geológicos, aunque también… Los terremotos que han golpeado a Venezuela expusieron, con una crudeza imposible de ocultar, las consecuencias de años de debilitamiento institucional sobre un sistema de salud que ya operaba con disminución de capacidades. Los desastres naturales ponen a prueba la fortaleza de las instituciones, y cuando estas llegan debilitadas a la emergencia, la tragedia deja de ser únicamente geológica para convertirse también en sanitaria.

En las primeras horas posteriores a un terremoto, la diferencia entre la vida y la muerte depende de la rapidez con que un país pueda activar su respuesta. Hospitales seguros, redes de ambulancias, centros reguladores de urgencias, abastecimiento de sangre, insumos, equipos quirúrgicos, vigilancia epidemiológica y coordinación entre autoridades son los pilares de una gestión eficaz. Cuando alguno de esos componentes falla, la mortalidad aumenta. Cuando fallan varios al mismo tiempo, el desastre adquiere dimensiones mucho mayores. Eso es precisamente lo que hoy enfrenta Venezuela. A la enorme cantidad de heridos se suma un sistema hospitalario con infraestructura deteriorada, escasez de insumos, déficit de talento humano y una capacidad logística limitada para absorber un incremento súbito de la demanda. Varios organismos multilaterales han informado que muchos establecimientos de salud resultaron afectados y que los hospitales operativos trabajan con una presión asistencial extrema. Sin embargo, el verdadero reto apenas comienza. Las primeras 72 horas concentraron la búsqueda y el rescate. Ahora estamos en una fase mucho más larga y compleja: la recuperación sanitaria. Miles de personas requerirán cirugías reconstructivas, rehabilitación física, atención en salud mental, control de enfermedades crónicas interrumpidas, seguimiento maternoinfantil y programas intensivos de vacunación para prevenir brotes favorecidos por el hacinamiento y las interrupciones en agua y saneamiento. La experiencia internacional demuestra que reconstruir hospitales es relativamente sencillo si hay recursos, reconstruir un sistema de salud no lo es, aunque haya recursos. Se necesitan profesionales capacitados, cadenas de suministro confiables, financiamiento estable, sistemas de información robustos y una gobernanza capaz de coordinar múltiples actores nacionales e internacionales. Ninguno de esos elementos puede improvisarse.