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Opinión

La sonrisa del Chocó

Ensuncho De La Bárcena
Ensuncho De La Bárcena
Columnista
3 de noviembre de 2023

Un viaje a través del Chocó colombiano, quince años después de un primer avistamiento aéreo. Una misión por la paz y la vida, entre verdes selvas y proyectos productivos.

Por Ensuncho de la Bárcena La vi por primera vez desde un pequeño avión, rumbo a Ciudad de Panamá. Era mi primer vuelo internacional, el de estrenar pasaporte. La desaparecida aerolínea cubría la ruta desde Bogotá y lo que más me impresionó del trayecto fue la alfombra de intenso verde que se desplegó sobre esa misteriosa tierra en el Reino del Pacífico. Mientras avanzábamos por los aires, me deleitaba viendo por la ventanilla los variados tonos de vida que acarician la larga serpiente de agua que es el Río Atrato. De repente el verde cesó y se impuso el plateado de los techos de una mediana ciudad: Quibdó. Desde el cielo me llamó la atención el contraste entre los sorprendentes colores de la selva y el monótono brillo humano. En aquel vuelo me quedé con las ganas de conocer la selva chocoana, de poner mis pies en sus calles. Como no hay sueño ni deseo que se quede sin cumplir, quince años después mis queridos amigos de la Corporación para el pensamiento y la transformación de Colombia (Corpensar) me invitaron a una misión con firmantes de paz y población de acogida del Bajo Atrato, en el marco del proyecto "Nuevos y mejores mercados para la paz" financiado por la Embajada de Francia. ¿Qué creen que dije? El domingo 22 de octubre pasaron por mí a Salsipuedes y nos fuimos a dormir a la siempre bella Santa Fe de Antioquia, La Ciudad Madre. Mis compañeros de ruta: José Guillermo Velásquez (director de Corpensar), Catalina Moreno (coordinadora académica) y Pablo Melo (productor audiovisual). Nuestra misión: grabar material audiovisual pertinente e inspirador para construir unas piezas publicitarias que permitan promocionar los diferentes proyectos productivos que sueñan las manos sembradoras de paz. Así mismo, realizar una crónica en tono poético que nos permita compartir con el mundo la experiencia chocoana. Luego de superar una varada el lunes por la mañana, nos quedamos todo el día en la española ciudad de nuestros mayores. A la media noche nos recogió el bus, rumbo a Belén de Bajirá, donde llegamos al amanecer y bajo la llovizna. La mayoría de los días en el Bajo Atrato son grises y lluviosos, aunque cuando el sol se muestra estallan los colores. Especialmente el verde. Nuestra base fue Belén de Bajirá (Belén de paz) el acogedor corregimiento de Riosucio que dentro de poco volverá a ser municipio. Desde allí viajamos durante la semana a las veredas: Caracolí, San Andrés, Santa María, Puerto César y Urada. Volví a Salsipuedes convencido de que apostarle a la paz es apostarle a la vida y al amor. ¡Larga vida al Chocó!