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Opinión

La solidaridad nos salvó. Ahora nos toca votar mejor

Fredy Sanchéz Kerguelén
Fredy Sanchéz Kerguelén
Columnista
3 de marzo de 2026

La emergencia que vive Montería y gran parte de Córdoba nos dejó algo claro: no basta con reaccionar cuando el desastre ya llegó.

En mi columna anterior hablé de la necesidad urgente de más prevención, mejor planeación y mayor coordinación institucional. Hoy esa reflexión se vuelve aún más evidente. Esta crisis obliga a quienes han tomado decisiones sobre esta ciudad a reconocer errores, a revisar un sistema que durante años permitió repetir fallas y a aceptar que la ciudad necesita dirección para no volver a pagar con vidas, pérdidas y sufrimiento lo que pudo haberse evitado. No podemos seguir dependiendo únicamente de la reacción, sin margen de maniobra, corriendo siempre detrás de la emergencia. Prepararnos mejor no es un lujo técnico: es una obligación moral con quienes hoy lo perdieron todo y con quienes merecen vivir en una ciudad más segura y mejor planificada. Pero esta tragedia también nos dejó una lección poderosa: la solidaridad puede con todo. Hemos visto ciudadanos, empresarios, fundaciones, instituciones, voluntarios y organismos internacionales trabajando sin descanso desde el primer día. Personas que, sin preguntar a quién ayudaban, simplemente decidieron hacerlo. Desde esta columna quiero ponerme de pie —literalmente— para aplaudirlos y agradecerles. Montería y Córdoba atraviesan un momento complejo y miles de familias han perdido su hogar, sus pertenencias y su tranquilidad, pero también hemos demostrado que cuando la gente se une, aparece lo mejor de nosotros. Ahora bien, además de la lección, nos queda una tarea. Y esa tarea es votar el próximo domingo, este 8 de marzo. Cada voto bien dado debería convertirse en una solución a problemas estructurales que llevamos décadas aplazando. Votar bien significa elegir representantes capaces de traer proyectos reales, sin que se pierdan los recursos en el camino: un sistema de alcantarillado y drenaje pluvial que la ciudad necesitaba desde hace años y cuya ausencia hoy pagamos; recursos directos para reactivar pequeños negocios y emprendimientos afectados, no simples paños de agua tibia; programas de vivienda ambiciosos —30 mil, 40 mil o 50 mil soluciones— que garanticen techo digno y títulos de propiedad para quienes más lo necesitan, pueden ser algunos ejemplos. Eso es, en esencia, lo que deberían hacer nuestros congresistas. Y eso es lo que tendremos que exigirles desde el primer día. Sé que no es fácil pedirle a la gente que vote. El ánimo está golpeado. Hay cansancio, desconfianza y poca ilusión frente a la política. Muchos sienten que las opciones no entusiasman y que la clase política ha contribuido a ese desgaste. Lo entiendo. Lo escucho todos los días. Pero aun así, voten. Voten por quien quieran, por quien sientan cercano, pero voten pensando. Voten con conciencia, con esperanza, sin vender su decisión. Tal vez un solo voto no cambie todo inmediatamente, pero sigue siendo la herramienta más poderosa que tenemos para empezar a hacerlo. Y sí, sé que las necesidades existen. Si alguien decide aceptar plata, esa es una realidad que no se puede negar. Pero recuerden algo simple: ustedes entran solos al cubículo. Ahí decide su conciencia. Aprendamos las lecciones buenas que deja esta emergencia y cumplamos la tarea que nos corresponde como pueblo, como ciudadanos. Gracias nuevamente a quienes han ayudado desde el primer día. Sigamos trabajando juntos por Montería y por Córdoba. Lo que viene puede ser mejor, si hacemos bien lo que nos toca ahora; porque también es cierto que no basta con ayudar, nos toca desde ya decidir el futuro.