
La Selección del Tigre

El tigre logró conectar el corazón de millones y convertir una campaña política en un movimiento popular. Lo único comparable a esto, al menos para mí, ocurre cuando juega la selección Colombia en un mundial y el país entero siente que late al mismo ritmo.
Abelardo de la Espriella no solamente sube en las encuestas, no solo convoca manifestaciones multitudinarias llenas de emoción, sino que ha volteado tendencias en regiones donde hace pocos meses parecía improbable. Este movimiento popular está acompañado de propuestas que conectan con problemas reales de la gente. Por ejemplo, "La Seguridad de la Patria Milagro", que pretende recuperar el orden y devolverle la tranquilidad a barrios y regiones abandonadas por el crimen; "Colombia País de Propietarios", que busca convertir a un millón de familias en dueñas de su hogar con créditos accesibles; y "La Economía de la Patria Milagro", enfocada en fortalecer la empresa, el empleo y el trabajo digno como motores para sacar adelante al país. Su narrativa política rompió moldes tradicionales. Mientras muchos intentan etiquetarlo desde los extremos, Abelardo respondió con una frase que terminó conectando con miles de ciudadanos: "Lo más extremo que tengo es la extrema coherencia". En un país agotado de discursos contradictorios, esa idea encontró eco en personas cansadas de políticos que prometen una cosa y gobiernan con otra. Algo similar ocurrió con "los nunca", una narrativa construida alrededor de quienes nunca sintieron que alguien hablara directamente por ellos. Los que nunca tuvieron privilegios, nunca hicieron parte del poder y nunca se sintieron representados por "los de siempre". Allí hay una conexión emocional y política que ayuda a explicar buena parte de su crecimiento. Y entonces aparece una reflexión políticamente inevitable, que además invito al lector a considerar: ¿Tiene sentido esperar hasta una eventual segunda vuelta para respaldar a quien hoy parece consolidarse como la opción más fuerte frente al petrismo? Esa conversación ya no ocurre solamente en columnas políticas o redes sociales. Está ocurriendo en hogares, empresas, universidades y reuniones familiares. Quizás por eso tantos intentaron reducir su crecimiento a un simple fenómeno digital, incluso intentando desacreditar encuestas. Pero las calles comenzaron a desmontar esa tesis. Para la muestra, un botón: el cierre en Barranquilla fue una locura. Lo que hoy rodea a Abelardo se parece menos a una candidatura tradicional y más a un movimiento ciudadano construido alrededor de una idea poderosa: que Colombia todavía puede recuperar el orden sin perder la esperanza. Y cuando eso ocurre, una campaña política deja de ser solamente una conversación y empieza a convertirse en historia.