
La ruta al descalabro

El presidente Petro visita China, donde su improvisación y propuesta de exportar cebollas generan críticas. La adhesión a la "Ruta de la Seda" preocupa por su impacto comercial y geopolítico.
Por Bibiana Cabarcas Desde el doce y hasta el diecisiete de mayo, se encuentra de visita a la República Popular China el presidente Gustavo Petro, no solo como presidente de Colombia, sino como presidente protempore de la Celac, cargo al que accedió hace unas semanas. Asiste en compañía de un nutrido séquito en el que se destaca la investigada canciller Laura Sarabia y su hija Antonella, que nadie sabe en calidad de qué va y cómo se justifica ese gasto en el presupuesto nacional. Y ni bien llegó el presidente a suelo chino, cuando ya está de boca en boca debido a los exabruptos que comete cada vez que habla y que, denotan, la improvisación que caracteriza a este gobierno en todo lo que hacen y dicen. Petro llegó con la brillante propuesta de exportar cebollas a China, cosa que no tendría nada de particular, de no ser porque China tiene una participación del 34% a nivel mundial en las exportaciones de cebolla y es, junto con la India, un importante productor de cebollas a nivel mundial. ¿Será que al presidente nadie le informa de absolutamente nada antes de hablar? En fin, hizo otro oso internacional. Pero lo más delicado de esta visita a China no es el ridículo que hizo el Presidente, sino la adhesión a la ruta de la seda, esta es una iniciativa del gobierno chino, que busca conectar a ese país con el mundo a través de inversiones en infraestructura y comercio, en países de Europa, medio oriente, África y América Latina. Aparentemente, la firma de esta adhesión sería de provecho para Colombia, pero, esta es una iniciativa de expansión geopolítica de la china, que busca establecer su influencia en nuestro país. La balanza comercial entre los dos países se inclina a favorecer a los chinos que exportan un 26% de sus productos a nuestro país, en contra de un 4% que exporta Colombia a China y que pondría en riesgo la relación con el principal socio comercial de Colombia, Estados Unidos, que ve con recelo este tipo de iniciativas. Ya el gobierno norteamericano ha manifestado su preocupación al respecto, y se han encendido las alarmas en el sector productivo colombiano, como el de las flores, el café, el petróleo y otros productos que tienen en el mercado norteamericano su principal fuente de comercialización. Y aunque China sería un mercado estratégico para Colombia, el gobierno no ha medido el impacto negativo que le acarrearía al sector productivo del país este tipo de acuerdos, teniendo en cuenta que actualmente Colombia exporta mucho más a Estados Unidos, un 34% de sus productos, que a la China. No se puede cerrar una puerta comercial tan amplia y de tantos años, para abrir otra que está por verse y cuyos efectos serían nefastos para Colombia. El comercio y las relaciones internacionales deben ser el producto de políticas serias y bien analizadas, y no el resultado de ideologías trasnochadas que, ya está comprobado, allanan el camino al fracaso.