
La República hipotecada: La soberanía bajo amenaza

Una victoria electoral edificada sobre indicios de fraude estructural e injerencia de Estados Unidos, indiscutiblemente, pone en juego la soberanía de la nación, desatando una profunda crisis institucional que fractura el mapa político en dos visiones de Estado y exige, en efecto, memoria histórica y pedagogía ciudadana.
Por un lado, se alza el cipayismo, una mentalidad colonial que defiende al colonizador contra su propio pueblo, concibiendo a Colombia no como una patria de derechos, sino como una hacienda privada y negocio corporativo para el saqueo público, haciendo de la "movilidad social" un ciclo de vida que se reduce a ascender, desde monda'o hasta coronarse como “empresario de bien” mediante la corrupción y el narcotráfico. Es un error teórico justificar este sometimiento, argumentando que es preferible ser "cipayo de Estados Unidos que de Cuba", ya que Cuba carece de capacidad militar, económica o institucional para ejercer un tutelaje imperial. A la par, el miedo ha sido pervertido equiparando a la izquierda al comunismo, un sistema que como amenaza real no existe, ignorándose que la verdadera miseria no la trae la izquierda, sino las décadas de exclusión, corrupción y desigualdad de un modelo neoliberal de derecha que convirtió los derechos humanos en mercancías. En la otra orilla resiste una Colombia despierta, legado del gobierno de Petro, donde millones de ciudadanos ya defienden una democracia real, la autodeterminación y la justicia social bajo un imperativo moral insustituible, advirtiendo a vos de cuello que el progresismo no busca abolir libertades, sino la aplicación real de la Constitución de 1991 y la garantía de una vida digna. Por tanto, dado que terminaron las elecciones bajo sospecha y que la defensa de la soberanía apenas comienza, si el gobierno de turno gestiona el Estado como un negocio subordinado, la ciudadanía tiene el deber legítimo de ejercer una resistencia pacífica, reflexiva y organizada. La pedagogía ciudadana, entonces, exige no caer en el derrotismo y la consigna hoy, es resistir para avanzar bajo la certeza de que este país será una "real potencia mundial de la vida", hasta lograr la conversión de quienes, influenciados por la mentalidad cipayista, votaron por la derecha, incluidos los jóvenes que votaron por primera vez y los que vendieron su voto. Se las dejo allí.