
La Reina de la Cristiandad

María, madre de Jesús, fue leal hasta el final. Acompañó a su hijo en cada momento, desde el nacimiento hasta la muerte. Su legado perdura, honrado en Zaragoza y celebrado hoy.
Por Ensuncho De La Bárcena La única persona que acompañó a Nuestro Señor Jesucristo -de principio a fin- fue María. No conoció mayor lealtad que la de su propia Madre. Nuestra Señora estuvo en el nacimiento del Salvador, aquella noche de infinita belleza en Belén, al lado de su esposo, el burro y el buey. Al volver a Nazareth, María lo amamantó y le escuchó decir sus primeras palabras. Junto a José le vieron dar sus primeros pasos, le enseñaron a comer, hablar, vestirse, ganarse el pan y tratar con dulzura al prójimo. La Sagrada Familia fue el centro de estudios donde Jesús aprendió la grandeza del Amor. Fue María quien lo exhortó a comenzar su misión en las Bodas de Caná. Siempre estuvo allí, cuando podía. Se metió de lleno entre sus discípulos, cuando su esposo partió a la Casa del Padre. Ella estuvo hasta el último suspiro de Nuestro Señor, mientras que uno de ellos lo traicionó y varios lo negaron. Habían estado tres años con ellos y le vieron hacer milagros, curar a los enfermos, expulsar los demonios y resucitar a los muertos. Pero solo Juan, el discípulo amado, estuvo hasta la cruz. Él y Ella le acompañaron en la pasión y en la muerte. Pero también fueron unos de los primeros en enterarse de la Buena Noticia. Santiago el Mayor, hermano de Juan, desembarcó en Hispania por Cartagena. Llegó hasta Zaragoza, a orillas del Ebro. La noche del 2 de enero del año 40, "oyó voces de ángeles que cantaban Ave María, Gratia Plena y vio aparecer a la Virgen Madre de Cristo, de pie sobre un pilar de mármol". La Santísima Virgen, que aún vivía en carne mortal, le pidió al Apóstol que se le construyese allí una iglesia, con el altar en torno al pilar donde estaba de pie y prometió que "permanecerá este sitio hasta el fin de los tiempos para que la virtud de Dios obre portentos y maravillas por mi intercesión con aquellos que en sus necesidades imploren mi patrocinio". Santiago y sus discípulos obedecieron y le dieron el nombre de Santa María del Pilar. Fue la primera dedicada a la Santísima Virgen. "Espero veros al pasar, cuando vaya a España, y ser allá encaminado por vosotros, después de haber gozado un poco de vuestra conversación" (Romanos 15, 24). "Tú, María, eres auxilio potentísimo de Dios". (San Juan Crisóstomo, 345 d.C.). "María Auxiliadora, rogad por nosotros". (San Juan Damasceno, 749 d.C.). El 24 de mayo de 1814, el Papa Pío VII volvió a Roma, libre del yugo opresor. Por ello la celebramos hoy. ¡Viva María Auxiliadora!