
La quinta puntica

El pasado viernes tomé la decisión de asistir al Carnaval. El semáforo había estado en rojo hasta el jueves por la tarde, pero debía esperar. Cambió a amarillo el viernes por la mañana y a las tres de la tarde se puso en verde. Con mucho ánimo y fe tomé rumbo a mi amada Barranquilla en el poeta móvil.
Al anochecer llegué al apartamento de Pacho, un buen amigo puntero. Allí me encontré con su primo Jaime, quien amablemente dispuso todo para que este servidor tuviera una feliz estancia. Me fui al Edificio García, al ritual de iniciación de los nuevos miembros de la comparsa y la respectiva entrega de manillas. Llegué justo a tiempo para ver el delicioso performance de los capitanes de este año: Manuela Gómez y Javier Plateado, quienes pusieron en escena el tema que nos convocó e inspiró: “Pechíchame el monte”. Manuela es dueña de un despliegue de talento que sabe contagiar con alegría. Esa noche fue bailarina, actriz, musa y pájaro. Javier se concentró en la música, el cóctel y conservar para todos una experiencia segura. Allí estaban mis amados Daniel e Ingrid, Flavia y Zulu, directores creativos y fundadores de la más sexy, la más libre y la más vanguardista de todas las comparsas del carnaval: La Puntica No Má. Además del equipo de apoyo administrativo, producción y los miembros que llegábamos a recibir indicaciones y manillas. Hubo abrazos, besos, alegría, intercambio de miradas, gestos, mamadera de gallo y una que otra sorpresa. Saludé a los demás punteros cuando Dani me presentó y entregó la bandera. Este año con un motivo muy especial: una interpretación del dibujo del gran Alejandro Obregón para la portada de la primera edición de "Los cuentos de Juana". A manera de homenaje a su autor, el gran Álvaro Cepeda Samudio, en ocasión del primer centenario de su natalicio, ocurrido en Barranquilla el 30 de marzo de 1926. Fuimos a la Noche de Tambó, que este año le rindió tributo al Rey del Bombardino, Ramón Benítez. Hubo musas, risas, abrazos, cervezas, fotos, velas y videos. A primera hora de la mañana comencé a ultimar mi personaje. En la sede puntera pude completarlo, gracias al arte de las bellas Amancaidj y Ali Morales. Fue una experiencia sin igual y siempre real. Irradiar amor y alegría al universo de la vía 40 nos aporta mucha más energía de la que compartimos. Este poeta estuvo a punto de desfallecer, pero me mantuvo en pie el pensar en Jesús de Nazaret rumbo al calvario. Todos los acordes de la fiesta posterior tuvieron el sello del amor. ¡Larga vida, punteros! Así sea.