
La química del amor

El amor, una compleja alquimia. Atracción, dopamina, y conexión hormonal: un viaje químico que transforma nuestro cuerpo. Descubre las fases de esta reacción biológica.
Por Remberto Burgos de la E. Entendemos que enamorarnos significa brujería y magia, pero la química del amor entraña una cadena de reacciones eléctricas e impulsos capaces de hacernos sentir las emociones más fuertes. Cuando nos enamoramos, nuestro cuerpo empieza a producir en grandes cantidades compuestos químicos que nos transforman y, de hecho, son casi las mismas emociones de los opiáceos. Se empieza con la atracción. Nos suelen gustar personas parecidas a nosotros, que tengan inteligencia similar y sentido del humor. Nos sentimos atraídos por personas que manejan un sistema inmunitario diferente. Su olor nos atrae y nos guía, se tocan acá las puertas del sistema reproductivo. Aparece la dopamina, neurotransmisor que nos proporciona placer y euforia y nos crea la necesidad de estar con esa persona. Es el mismo transmisor de las drogas y del azar. Cuando la dopa desaparece, llega la tristeza y la obsesión. Algo interno nos impulsa y recibimos un empujón con la noradrenalina. Pulsa más rápido el corazón, nos ponemos colorados y nuestras manos sudan. En este tiempo entra a funcionar la feniletilamina la cual nos hace sentir motivados, optimistas e increíblemente felices. Esta es una amina que segrega el cuerpo en esta etapa y activa la secreción de muchos neurotransmisores. El chocolate, por ejemplo, es reconocido por altos niveles de esta sustancia. Abrimos espacio a las feromonas, sustancias volátiles que secretamos y capaces de comportamientos específicos y comunicación de rechazo a atracción sexual. La segunda fase, la configura la conexión entre las hormonas o vínculo entre la pareja. Entra a jugar la oxitocina liberada con el contacto físico y especialmente el orgasmo. Es tan prolífica su acción que participa en la formación de los celos; vemos una amenaza y sus niveles descienden, pero se compensa aumentando los niveles de cortisol. Explica esto la ansiedad, el pánico y el temor. Le damos oportunidad a la serotonina y ella nos hace sentir felicidad. Sin embargo, el cerebro desarrolla tolerancia a esta y cada vez se requiere mayor dosis. Debo llenarme de pensamientos positivos y alejar las malas noticias, ratos desagradables que la descienden. En la química del amor aceptamos que es un proceso vivo cuyo origen es completamente biológico. Esta reacción sintética la inicia la dopamina, neurotransmisor -circuito mesolímbico- que enciende el sistema de recompensa cerebral. Sigue luego la sensación de apego, función de la oxitocina producida en el hipotálamo. Y finalmente para el equilibrio emocional y regulación de la serotonina.