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Opinión

“La Prueba del Cielo"

Arianna Córdoba Díaz
Arianna Córdoba Díaz
Columnista
23 de diciembre de 2022

La neurociencia y la fe se entrelazan: un médico relata su experiencia cercana a la muerte, revelando un "más allá". Su testimonio, trasciende la ciencia y ofrece esperanza.

Por Arianna Córdoba Díaz* Cuando en mayo de este año falleció mi papá, mi familia y yo sentimos hundirnos en un profundo y oscuro hueco del cual solo, la infinita misericordia de Dios, el amor y unión incondicional de nuestros seres queridos y el abrazo sincero y confortable de las entrañables amistades lograron sacarnos a flote. Pero de manera particular, por esos dolorosos días llegó a mis manos por recomendación de un sacerdote el libro "La Prueba del Cielo" escrito por el neurocirujano Eben Alexander, quien narra con rigor científico cómo estuvo alrededor de siete días sumergido en un coma profundo tras un derrame cerebral, atado a esta vida terrena solo por las máquinas y al cabo de ese tiempo, "volvió" y está en este mundo para contarlo. Lo impactante del relato del doctor Alexander que sin duda me ayudó y creo que puede ayudar a otras personas a superar en algo la pérdida de un ser querido, es cómo él, un científico reconocido, vinculado a la escuela de medicina de la universidad de Harvard y a respetados hospitales estadounidenses, conocedor a profundidad de los recovecos de la mente, la consciencia, las neuronas, la salud y la vida, reconoce a lo largo del libro que la muerte no es el fin… Así es, desde siempre se han enfrentado la fe y la ciencia, para la primera es suficiente creer, para la segunda hay que demostrar; pues él, que estaba apegado a la ciencia, vivió un extraordinario viaje en el que comprobó que el cielo existe, que tras la vida terrena hay un más allá, una vida eterna como nos lo enseñan en nuestra religión. Cuenta el galeno en "La Prueba del Cielo" que hay tres niveles que se van superando cuando una persona fallece, el primero no es muy agradable pero de inmediato da paso a otro de emoción absolutamente regocijante e indescriptible en el que el doctor Alexander fue recibido por una hermana que había muerto años antes de la experiencia de este en el más allá, en ese nivel basta pensar algo para que lo que se piensa se concrete y una tercera dimensión aún más espléndida en la que un ser superior "OM" que bien puede ser nuestro Dios reina en un universo donde somos sentidos y seres, donde el tiempo, el espacio no existen, son cosas terrenales. Si bien el doctor Alexander regresó –milagrosamente- a esta vida, de acuerdo con su relato, porque no era su momento, los hechos ocurrieron en 2008, a partir de entonces se ha dedicado a demostrar que su experiencia no eran alucinaciones producto de los medicamentos que le aplicaban durante esos días de coma profundo; de hecho, varios de sus colegas tan respetables como él, dan testimonio de que lo que le pasó al neurocirujano no tiene que ver con antibióticos o remedios y que él literalmente estuvo con muerte cerebral en esos días. Esta historia fortaleció mi esperanza y mi fe, sobretodo porque no fue un charlatán quien la escribió sino un hombre de ciencia y de neurociencia que no es lo mismo, desde entonces cada día pienso en que el alma de mi papá está en el cielo y que cuando Dios nos llame de este mundo y perdone nuestros pecados, volveremos a encontrarnos. Por eso, todas la familias que este año en Navidad estarán sin la presencia física de ese ser amado que ha partido, ármense de fe y si prefieren creer que lamentarse, crean en que algún día, algún día, volveremos a estar junto al alma de esa persona que llevamos en el corazón y que en el cielo nos está esperando. *Jefe de programa de Comunicación Social – Unisinú