La promesa de Hugo Chávez
Comprender la realidad social es complejo, especialmente en política. Venezuela, en 2002, experimentó una crisis donde la oposición, marginada, se enfrentó al chavismo.
Por Lewis Pereira González La razón por la cual es tan difícil hacer ciencia social es la misma que le impide a las personas ver con claridad lo que ocurre a su alrededor. No sabemos muy bien lo que hace el vecino dentro de su casa, mucho menos lo que pudiera estar haciendo un presidente; y, además, como decía Mauricio Duverger, la política es el escenario de la simulación. Todo se trata de simular cosas. En el año 2002, por ejemplo, la población venezolana se levantó por millones a pedir la renuncia de Chávez, ríos y ríos de personas coparon las calles, y los comerciantes y empresarios se pararon también. Se detuvo la industria petrolera que ya era demasiado para un país como Venezuela, se dejó de exportar petróleo y los buques fueron amarrados en los puertos de manera indefinida. Nadie regresaría a trabajar hasta que Chávez no se fuera. Pero los medios internacionales interpretaron que lo que había en Venezuela era una polarización muy marcada, que Chávez libraba una lucha justa con los pobres en contra de la oligarquía de derecha que siempre había gobernado el país, y no había que tomar partido. No se debía decir quién tenía razón entre los dos sectores de la población que estaban enfrentados, porque era solo eso, dos grupos enfrentados. Desde dentro se veía, sin embargo, otra cosa, Chávez decía que no iba a respetar ninguno de los poderes públicos, no aceptaba críticas de ningún tipo, mandaba grupos paramilitares a las grandes televisoras a lanzar piedras y a disparar, y se enardeció una vez porque el congreso no quiso aprobar unas reformas de leyes. Y fue entonces, cuando se le empezó a escuchar una promesa, que dijo incontables veces, que consistía en que la oposición jamás volvería a gobernar el país, que daría su vida antes de que ello ocurriera. Para un comunista latinoamericano eso tiene mucho sentido porque en su estructura básica cree que la salvación de la humanidad es el socialismo, y vive, como lo decía Manuel García Pelayo, una lucha mística del Bien contra el Mal, la última de las batallas, que ellos, por supuesto, no pueden perder. Si dejaba que volviera a gobernar el "capitalismo" sería la ruina para Venezuela. Ahora 22 años después, vemos que sí hablaba en serio porque a Maduro se les escucha decir lo mismo, la derecha jamás debe volver a gobernar el país; y vemos que la oposición tenía razón cuando sospechaba que Chávez iba a instaurar una dictadura comunista; también por el hecho de que se encontraban alarmados por aquella promesa, que implicaba, nada más y nada menos, que solo el chavismo podía gobernar el país. Promesa cumplida.