
La prepotencia del poder

La imposición de aranceles por EE. UU. revive el abuso histórico del poder. Desde la conquista hasta la actualidad, el dominio y la fuerza han marcado las relaciones internacionales.
Por Rafael Hernández Mestra Luego de las medidas tomadas por el presidente de los Estados Unidos al imponer aranceles a casi todos los países del orbe, siendo el más afectado China, su principal competidor económico, recordamos todos los abusos que se han dado a través de la historia por pueblos y gobernantes. En la historia de la humanidad los imperios de conductas paternales han sido escasos. Siempre el poder y el predominio de la fuerza conducen al abuso. El manejo del destino de los pueblos por parte de una sola potencia a la larga arroja resultados funestos. Ahora, como en el pasado, los poderosos conquistan y dominan en una u otra forma. Apenas, en períodos de equilibrio, cuando dos o más estados dominadores no comparten idearios y conductas y, por uno u otro motivo, temen arriesgarse a choques o conflictos, las naciones menores en capacidad económica o bélica, pueden gozar de cierta confianza en sus derechos soberanos. En el acontecer histórico los territorios de lo que hoy se conoce como América Latina ofrecen variadas experiencias. La conquista se facilitó por el papel desempeñado por la Iglesia de entonces. Desde El Vaticano se distribuían los territorios entre las naciones conquistadoras. Culturas que asombraban a los propios sanguinarios fueron arrasadas. Los mismos genocidas, después arrepentidos, describen aquella barbarie como nunca antes practicada por los Atilas de otros tiempos. Después de la independencia, en los años de predominio de Inglaterra en los mares, muchas fueron las veces que su flota desembarcó marineros o violó las costas en procura de pagos de deudas o de distintos pretextos. Mientras las potencias europeas guerreaban en su propio continente, los Estados Unidos aprovecharon la oportunidad para expandirse a costa del mundo latinoamericano. México, Cuba, Puerto Rico, Colombia, entre otros, fueron las víctimas. En la segunda mitad del siglo XX dominaron el planeta dos potencias con nivelación de fuerzas que imponían respeto y equilibrio. Durante varias décadas, gracias a ese contrapeso, los llamados pueblos del tercer mundo gozaron de relativa seguridad. Muchas fueron las veces en que la Unión Soviética y los Estados Unidos tuvieron que dar paso atrás en sus afanes intervencionistas. Era otra diplomacia. Al desintegrarse la Unión Soviética, los Estados Unidos, quedaron solos en el ruedo de los acontecimientos. Y la historia vuelve a repetirse en materia económica. Los excesos de poder se tiñen de soberbia en tolerancia con presidentes como el del país del norte y de Colombia.