
La posesión viciada

La posesión de Maduro el 10 de enero genera rechazo global. Su mandato, considerado viciado, profundiza la crisis venezolana y desafía la democracia, provocando repudio internacional.
Por Miguel Mercado Vergara El inicio del nuevo período presidencial que Nicolás Maduro busca inaugurar a partir de su posesión el próximo 10 de enero comienza a generar enorme expectativa. Sin duda, será una posesión viciada. Los ojos del mundo entero miran hacia Venezuela y se están generalizando expresiones de rechazo ante el desafío de haber desconocido Maduro la expresión mayoritaria del pueblo que votó abrumadoramente en su contra el 28 de julio pasado. Con su posesión se abre un nuevo capítulo en el azaroso discurrir del vecino país que sin duda profundizará la aguda crisis a que la ha conducido el proceder dictatorial de Maduro quien ha saltado todas las reglas de la democracia cuya aplicación más elemental consiste en acatar el querer mayoritario del pueblo por encima de cualquier ambición personal, política o partidista. Su burla a los resultados electorales del 28 de julio desafía al mundo civilizado. Lo que se presagia en estos días que anteceden a la viciada posesión de Maduro es un concierto universal que va a corear a los 4 vientos el repudio a un presidente que ha convertido su tránsito por el poder en una vulgar dictadura que sólo cuenta con el natural contubernio que todo mandato abusivo alcanza a construir a su alrededor. Colombia no puede ser ajena ni indiferente al huracanado ambiente mundial que viene soplando contra Maduro, cuya fuerza cada día alcanza mayores grados de repudio. La Cámara de Representantes al pedir al presidente Petro que no acepte la invitación a su posesión es una demostración de rechazo aceptable. Ningún demócrata que se respete puede avalar un mandato fraudulento. No creemos que sea una intromisión al fuero del ejecutivo esa solicitud del órgano legislativo. La Cámara tiene origen en la voluntad popular y el mal ejemplo de Maduro al desconocer en Venezuela el triunfo mayoritario del pueblo causa ofensa a todos los pueblos del mundo por lo tanto la reacción de una institución cuya génesis provenga de la entraña popular está legitimada para protestar, aquí y en cualquier lugar, contra un dictador que ofenda esa vox populi. Lo propio pasa con la institución presidencial de origen democrático. Quien conquista limpiamente el poder con apoyo en la voluntad del pueblo tiene todo el derecho para alzar su voz, para reprochar con altivez y sin limitación alguna toda manifestación de burla al querer ciudadano.