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Opinión

La polarización política

Miguel Mercado Vergara
Miguel Mercado Vergara
Columnista
9 de mayo de 2025

La polarización política en Colombia es una realidad innegable, con raíces históricas profundas. El aumento del antagonismo entre ideologías y la violencia, agravan la situación.

Por Miguel Mercado Vergara En la actualidad, la polarización política del país es una realidad que nadie puede desconocer. No es nada novedoso que la dinámica de nuestra sociedad, tan agitada por la diversidad de circunstancias que afloran en la extensa geografía nacional, marche a ritmo acelerado y se multipliquen en su interior ideologías de todas las especies. Esas complejidades hacen posible e inevitable el fenómeno de la polarización política que no es más que el incremento del antagonismo agudo y a veces irreconciliable, de las distintas posiciones y posturas de concebir la sociedad y la política como instrumento de lucha encaminado a conquistar espacios para la transformación. La polarización de la política colombiana hunde sus raíces a partir del siglo XlX cuando santanderistas y bolivarianos se trenzaron en una disputa por el poder engendrándose luego la encarnizada lucha entre liberales y conservadores que los anales de la historia recuerdan con tristeza y dolor. Los fenómenos surgidos como consecuencia de la aparición de las guerrillas, algunas abortadas por el fenómeno de la confrontación fratricida entre los partidos tradicionales, han evolucionado hacia el escalonamiento de una violencia alimentada por el surgimiento e incremento acelerado del narcotráfico cuya extensión se muestra incontenible. En medio de tan sensible realidad aparecen las denominadas autodefensas cuya acción arrasadora contribuye a la mortal mescolanza que por años ha martirizado al país. Sin superar toda esa aguda realidad y con un debate presidencial al frente, la polarización parece no tener frenos. Hoy se habla de una izquierda enquistada en el propio corazón del poder que busca mantenerse y de una derecha que lo acecha por todos los rincones sin dejarlo respirar. Las marchas y concentraciones populares aglomeradas por el gobierno en las distintas plazas del país son replicadas con parecido entusiasmo por las huestes denominadas derechistas como símbolo de demostración de una puja que cada día crece al compás de la problemática social y económica que no se sabe a ciencia cierta que rumbos tomará. Desde la distancia, quienes no deseamos sino que Colombia salga exitosa en medio de tan complejas realidades, creemos que la solidez de nuestra democracia se mantendrá en pie y que su preservación es una tarea en la que todos tenemos que empeñarnos y evitar, a brazo partido, que la violencia y el derramamiento de sangre determinen nuestra existencia como país civilizado.