
La Poesía no sirve para nada

Primero el fuego creador. Luego, la palabra. Uno y otro tejen el mundo, fluyen desde las aguas del origen hasta el pozo de nuestros días.
Es mi forma de comprender la vida. Desde la infancia me aproximé a ella, como una manera de preservarla en el tiempo. Veo el mundo a través de ella, más allá de la política y la economía. Gracias a ella puedo ver lo que no está a simple vista; escuchar lo que subsiste a pesar del ruido; intuir lo que pretende ser oculto. La Poesía resume la esencia de nuestra experiencia humana, porque todo está dotado de Palabra y existe gracias a Ella. Cuando somos capaces de observar, escuchar, acariciar, degustar, oler, callar e intuir, la poesía empieza a brotar con naturalidad. Porque el primer verso nos lo regala el Espíritu Santo. Dios premia nuestra entrega, nuestra determinación de comprender la vida, más allá del reloj y del calendario. Una vez recibimos el primer verso, debemos trabajar el resto. Pulir la superficie, sacar el brillo a un espejo de dos lunas. Habitar lo que no se dice. Insinuar, provocar. Ella siempre acontece ante los ojos de quien se atreve a mirar de frente su destino. Cada cual debe hacer su propio recorrido hasta llegar a la fuente. Ella es lo que está escondido entre las palabras. Ese silencio sublime al que solo la música convoca. Mis autores preferidos son los que entienden que ella es un instrumento para interpretar el tiempo. Capaces de verla en todos lados, a cada momento, no huyen de ninguna experiencia, de ninguna emoción; sino que la confrontan, la exprimen, la recrean con la palabra. Los que no me gustan son los que solo la usan para expresar sentimientos, convirtiéndola en un espectáculo de masas. El poeta es pasajero, la poesía permanece. El poeta se diferencia del narrador en que no quiere contar, sino mostrar. Transferir su hallazgo a través del verso. Como pide Huidobro: hacer que la rosa florezca en el poema. El narrador solo quiere volver relato lo que percibe. Por eso dicen que la poesía no sirve para nada. Excepto para dar cuenta de nuestro paso por el mundo. Todos sabemos que vamos a morir. Por eso nos sumergimos en volcanes de lodo, viajamos en globos, construimos catedrales de leyenda. Bailamos ante el abismo, pulimos nuestros versos con el cincel de cada día, lavamos nuestras heridas en un mar de silencio. Aunque vivamos en castillos, nada nos salvará de ser arrastrados por esa luminosa lava. Un día llegará la hora de emprender el viaje. Sean todos bienvenidos a mi Taller de Poesía.