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Opinión

La pobreza energética en Montería: el calor de la desigualdad

Antonio Gonzáles C.
Antonio Gonzáles C.
Columnista
7 de mayo de 2025

Montería enfrenta la pobreza energética: hogares sin acceso a servicios básicos debido a altos costos. La falta de soluciones afecta salud, educación y calidad de vida, perpetuando la desigualdad.

Por Antonio González Cadavid En Montería estamos acostumbrados al sol intenso, a los cielos despejados y al calor que no da tregua. Vivimos en una de las ciudades más cálidas del país, con temperaturas que superan los 35 °C gran parte del año. Sin embargo, detrás de esta característica climática se esconde un problema silencioso que afecta la salud, la educación y la calidad de vida de miles de familias: la pobreza energética. Este concepto, aunque poco difundido en el debate público, describe la situación en la que un hogar no puede acceder a servicios energéticos básicos como iluminación, refrigeración, ventilación o climatización sin poner en riesgo su economía. No se trata solamente de tener electricidad, sino de tener la capacidad real de usarla de forma eficiente y segura para satisfacer necesidades esenciales. En sectores populares de Montería, es común encontrar viviendas con instalaciones eléctricas deficientes, ventiladores ineficientes o aires acondicionados en mal estado que disparan el consumo. Muchas familias, por miedo a facturas impagables, limitan su uso de energía incluso cuando el calor es insoportable. En algunos casos, renuncian al uso de neveras o refrigeradores, exponiéndose a la pérdida de alimentos o al consumo de productos en mal estado. Esto no solo impacta el confort, sino también la salud pública. El exceso de calor sin una adecuada ventilación puede agravar enfermedades respiratorias, cardiovasculares e incluso provocar golpes de calor, especialmente en adultos mayores y niños. Además, la falta de iluminación limita el estudio y la productividad en los hogares, perpetuando un círculo de desigualdad. Combatir la pobreza energética requiere más que subsidios a la tarifa eléctrica. Se necesitan soluciones estructurales y sostenibles: • Promover el uso de equipos energéticamente eficientes en programas de acceso para estratos bajos. • Incentivar construcciones con diseño bioclimático que aprovechen mejor la ventilación natural. • Desarrollar proyectos de generación distribuida con paneles solares en comunidades rurales o barrios desconectados. • Diseñar campañas de educación energética para que las familias puedan reducir su consumo sin sacrificar el bienestar. Como ingeniero con experiencia en diseño de sistemas Hvac (calefacción, ventilación y aire acondicionado), he visto cómo una correcta planificación puede marcar la diferencia entre un espacio saludable y uno ineficiente. Pero también soy consciente de que muchas de estas soluciones aún parecen lejanas para buena parte de nuestra población. Por eso es fundamental que las universidades, las empresas del sector energético, las autoridades locales y la ciudadanía trabajemos juntos para visibilizar y atender este problema. La pobreza energética no se ve a simple vista, pero está presente en cada hogar que se calienta como un horno durante el día, en cada niño que no puede estudiar por falta de luz, o en cada madre que debe elegir entre alimentar a su familia o pagar el recibo de energía. Hablar de energía en Montería es hablar de justicia social. Y no podemos permitir que el calor del clima se siga convirtiendo en el calor de la desigualdad.