
La pluma del Dr. Chéjov

La obra de Antón Chéjov, un imprescindible para psiquiatras, retrata la complejidad humana. Su biografía revela su infancia difícil, el impacto de la medicina y su genio literario.
Por Pablo Rosselli Cock "Un requisito indispensable para los aspirantes a la especialidad de psiquiatría es haber leído la obra del escritor Antón Chéjov", le oí decir al doctor Álvaro Rodríguez Gama, un destacado médico miembro de la Academia Nacional de Medicina y de la Academia Colombiana de la Lengua. Tiene razón. Nadie como el escritor y médico ruso nacido en Taganrog plasma con tanta agudeza la naturaleza humana con sus flaquezas, incertidumbres, alegrías y tragedias. Con Chéjov aprendí que las pasiones puras no existen y que el amor y el odio, la bondad y la mezquindad, la angustia y la serenidad frecuentemente van entrelazadas y son parte de las contradicciones del ser. Acabo de leer una biografía novelada de su vida escrita por Irene Némirovski en la que describe el talento innato de ese hombre que desde niño observaba con especial curiosidad a los clientes de la tienda de abarrotes de su padre. A ella llegaban campesinos, militares y personas del común que, en la cabeza creativa del escritor, inspiraron sus cuentos y lo llevaron a ser el maestro del relato breve. La niñez de Chéjov transcurrió en los años finales del siglo XIX, en el preludio de la Revolución Rusa, y no fue feliz, dice Némirovski. Él y sus cinco hermanos eran maltratados por su padre alcohólico. Los obligaba a rezar todos los días y las visitas a la iglesia eran impuestas con la consigna de que el que peca y reza empata. Desde muy niño fue atraído por el teatro y se deleitaba observando, no solo a los actores y a las piernas de las actrices desde la tramoya, sino también a los variopintos espectadores. Posteriormente, el ejercicio de la medicina le sirvió para ver el comportamiento humano al desnudo, sin tapujos, como lo relata en El pabellón número 6, en el que narra magistralmente la experiencia de los médicos y pacientes en un centro de reclusión para enfermos mentales. Chéjov fue admirador de Pushkin y de Tolstoi, amigo de Gorki, y desde muy joven su producción literaria fue tan exitosa que pasó de ser médico escritor a ser escritor médico, y como él mismo lo decía: "tengo dos amantes: mi esposa y la literatura. Cuando me aburro con una, voy con la otra". A los 27 años comenzó a tener los primeros síntomas de la tuberculosis, causa común de enfermedad y muerte en su época. Mientras tosía sangre, escribía durante horas a la luz de una vela hasta su muerte a los 44 años. No solo es un referente del relato y del cuento, sino también de la dramaturgia en la que de manera brillante logró que lo no dicho sea más importante que lo dicho, técnica teatral que se llama "acción indirecta". El escritor uruguayo Eduardo Galeano resumió así el estilo de este hombre: "Chéjov escribió como diciendo nada y lo dijo todo". Va uno a ver, y en la vida real a veces lo que se calla es más elocuente que lo hablado.