
La paz en la ONU

El debate sobre la paz en Colombia resurge con la propuesta presidencial ante la ONU. El incumplimiento del acuerdo con las FARC genera controversia y cuestiona la colaboración entre poderes estatales.
Por Miguel Mercado Vergara El tema de la paz es tan crucial que nunca pasa de moda. Tratarlo siempre genera expectativas y despierta la atención ciudadana. Y así es porque su solución o no, toca con el interés nacional; no es asunto de poca monta, pues de su suerte depende en gran medida la fortuna o desdicha de todo un país azotado durante décadas por un ambiente de violencia que ha mantenido relegada las esperanzas de superación de muchos factores de atraso que están íntimamente ligados a los vaivenes de la paz. Con violencia es imposible vivir, es la lógica. La propuesta presidencial de llevar al seno de la Organización de las Naciones Unidas, a manera de querella, que aquí, al interior de nuestras fronteras, no se quiere cumplir el acuerdo de paz que fue suscrito con la vieja guerrilla de las Farc en territorio cubano, ha causado el natural revuelo en todos los círculos de la opinión nacional. La peor crítica se la está llevando el propio jefe de Estado con un argumento que brota a flor de piel, ya que todos se preguntan, ¿acaso no es él el jefe de Estado? ¿Para qué está sentado allí en el solio presidencial?, rematan en coro. Pero sin dejarse llevar por el sectarismo, hay que hacer precisiones. Nuestra organización institucional es de conocimiento general y se desarrolla bajo los auspicios de las tres ramas que componen el poder estatal, como son el ejecutivo, el legislativo y el judicial. Cada una de esas tres vertientes cumple sus funciones de manera independiente, la una de la otra. Pero la propia Carta Política, al tiempo, impone una obligación que lo es la de la colaboración armónica entre los poderes públicos. Conforme a ese postulado lo que hay que analizar es qué tanto han avanzado o no los aspectos del acuerdo de paz que corresponde cumplir al ejecutivo e, igualmente, mirar con el mayor cuidado que tanto los demás poderes han acatado el mandato de la colaboración armónica en cuanto a lo que tales órganos concierne para así llegar a concluir si estamos o no viviendo en un país con civilización democrática. Es decir, si cabalgamos sobre unas ramas del poder que acata, con independencia de los colores banderizos, la Constitución Nacional. A los órganos internacionales se acude cuando internamente no somos capaces de cumplir nuestras leyes. [email protected]