
La paradoja de un Presidente que gobierna desde el celular, en la noche o la madrugada

Gustavo Petro enfrenta críticas por posturas contradictorias y posibles intentos de reelección. Su gestión presidencial genera controversia, tensiones diplomáticas y preocupación social en Colombia.
Por Silverio Herrera Caraballo Gustavo Petro, cada día que pasa asume actitudes más controversiales. El mismo, quien en su momento decía ser uno de los arquitectos de la Constitución de 1991 y proclamaba a los cuatro vientos ser su ferviente defensor, hoy por hoy y desde la presidencia, parece contradecir sus propios postulados al proponer reformas que algunos consideran acomodaticias. Esta dualidad ha generado críticas que lo acusan de actuar según su conveniencia, en una suerte de "Petrochimoltrufiada", haciendo referencia al personaje que decía una cosa y luego la contraria. Un ejemplo claro fue la propuesta de convocar una asamblea nacional constituyente para reformar la Constitución, planteada en marzo de 2024, cuando sus reformas enfrentaban obstáculos en el Congreso (aunque eso no lo ha olvidado, la tiene en remojo que es otra cosa). Esta iniciativa fue vista por muchos como un intento de modificar las reglas del juego a su favor, contrastando con su postura anterior de respeto irrestricto a la Carta Magna. Hoy por hoy en realidad no sabemos qué es lo que piensa, ya que, si es por lo que dice, hace dudar de cualesquiera que sean sus intenciones. En cuanto a la reelección, aunque él ha afirmado en varias ocasiones que no buscará extender su mandato más allá de 2026, han surgido propuestas desde su círculo cercano de áulicos y bodegueros que abren la puerta a esta posibilidad. Por ejemplo, en septiembre de 2024, se conoció un texto en el Senado, impulsado por la senadora Isabel Cristina Zuleta del Pacto Histórico, que permitiría la reelección de mandatarios, incluyendo al presidente. Luego el senador Alirio Uribe llamó a las guerrillas a rodearlo y recientemente él mismo la cantó en uno de sus discursos: "después del 2026 seguiré en el combate". Estas acciones han llevado a que diversos sectores de la sociedad colombiana expresen su descontento, señalando que el gobierno actual ha sido uno de los más controvertidos en la historia reciente del país. Las críticas se centran en la gestión presidencial, caracterizada por comunicados desde balcones o a través de redes sociales, y en la elección de colaboradores cuestionados por su idoneidad, a la muestra el recientemente nombramiento de Laura Sarabia como Canciller, sin la más mínima experiencia en la carrera diplomática, aparte de ser la guardadora de secretos y más fiel escudera del mandatario, por encima de Benedetti, ya antes lo había hecho en otros de sus ministerios (Irene Vélez en Minas, el actual ministro de educación entre otros). Además, se le acusa de ceder ante el narcoterrorismo y de otorgar concesiones a criminales de alta peligrosidad, lo que ha generado preocupación en materia de seguridad y justicia, desde que llegó al poder con su idea de la "paz total", no ha hecho más que conceder beneficios u otorgar prebendas a los grupos narcoterroristas que hoy por hoy lo tienen más que nunca en el ojo del huracán, esto hace pensar si es que acaso no ha sido una estrategia fríamente calculada para llevar al país al estado en que se encuentra (lo del Catatumbo pudo evitarse, de haberse actuado ante las alertas tempranas dadas por la defensoría del pueblo) para así de esta manera, poder mediante decretos y ya declarada la conmoción interior, hacer lo que en una situación normal no podría lograr. Es muy delicada la última decisión de trabajar de la mano con la dictadura venezolana para solucionar el problema de orden público en el Catatumbo, allí hay gato encerrado y un gato muy grande. En el ámbito internacional, las tensiones con aliados tradicionales, como Estados Unidos, han sido evidentes. Un ejemplo es la reciente crisis diplomática relacionada con los vuelos de deportación, que estuvo a punto de desencadenar una guerra comercial entre ambos países, esta que aún ha tenido coletazos que no se superan. Aquí es donde le pedimos a Laura, si es verdad que a ella le hace caso, que le quite el celular, por lo menos que no lo use en la noche o la madrugada, ya vimos lo que puede causar, o de lo contrario que lo haga al lado de personas adultas o responsables. Es imperativo que la ciudadanía colombiana analice con detenimiento estas situaciones y reflexione sobre el rumbo que está tomando el país bajo la actual administración. La vigilancia y participación activa son esenciales para garantizar que las acciones gubernamentales se alineen con los principios democráticos y el bienestar de la nación.