
La palabra escrita y su trascendencia

La palabra, con su poder mágico, crea realidades y otorga inmortalidad. La escritura, con su fuerza, asegura la permanencia del recuerdo y el legado.
Por José Arturo Ealo Gaviria La sola palabra tiene un poder mágico. Con ella, Dios resolvió que el mundo existiera. La palabra crea una realidad, segundo a segundo. El solo verbo le da vida a todo lo que se desea y los hombres asumen a que ese deseo se transforme en evidencia. Con el solo nombre una persona es nuevamente creada. Equivale a tener un vigor. Ese dios primigenio, habría difundido la creación del mundo usando la magia del vocablo. En un segundo momento, habría ayudado en esa labor creadora por la intensa fuerza a eso exclusivo de la palabra escrita. El solo verbo le da vida a todo lo que se desea y los hombres asumen a que ese deseo se transforme en evidencia. Antiguamente la escritura poseía un enérgico poder, una fuerza maravillosa. Esa energía de los signos puede ser positiva: ingeniosa y favorable, o negativa: dañina y destructora. La palabra es átomo y lenguaje de la esencia humana. Cuando el hombre comprende plenamente la magia que impregna a la palabra escrita no sólo lee, sino que come y accede físicamente a cierto Verbo. El recuerdo del nombre de una persona asegura, de algún modo, la inmortalidad de ese ser. Si alguien posee una vida virtuosa, tras su muerte, le espera un proceso de glorificación. El ansia de eternidad se facilita si el recuerdo del autor queda unido para siempre a una obra escrita, es decir, a un libro. A lo largo del tiempo, gracias al gran poder de la palabra escrita, cada vez que alguien lea un libro su creador vive. Será recordado en momentos futuros cuando, posiblemente, en su tumba y ni siquiera su fosa lo haga caer en el olvido. Quien escriba un buen libro será recordado siempre, adquirirá la inmortalidad, un conmovedor recordatorio de esfuerzo a esa gran obra. Al vivir con bondad, armonía, equilibrio y gratitud se espera a que su corazón sea menos pesado que la pluma de la verdad, y llegue ante el juicio. Todo lo que en vida hubiesen perdido, en la muerte se les regresaría en la vida eterna. El énfasis que se pone en cada aspecto de su existencia, es para crear una vida digna y para siempre. No existe duda que muchos individuos fallen, pero lo ideal es esforzarse e impregnar su comportamiento del significado y propósito que su grandiosa cultura les ha inculcado e inspirado. Deja que el rostro brille durante el tiempo que se halla vivido. Es la bondad de un hombre que será recordado en los años venideros. Si alguien posee una vida virtuosa, tras su muerte, le espera un proceso de glorificación. El poder de la palabra escrita hace permanente un estado de cosas deseadas.