La nube que devora
La "nube" digital, desde videos hasta IA, depende de una infraestructura compleja y con impacto ambiental. Los datos consumen energía, con centros como los de Google superando el consumo de múltiples ciudades.
Por Oswaldo Vélez Langs* Cualquier consulta de información que usted realice, respecto a algún deseo o propósito, puede ser hecha en Internet, y la complejidad de dicha consulta, desde videos de gatitos hasta blogs de mecánica, se refleja en cadenas de bits (cadenas de unos y ceros). Esta información viaja en el tiempo, y espacio, a velocidades cercanas a la velocidad de la luz, a través de cables de fibra óptica, que están por debajo de nuestros océanos. Estos paquetes de información, instrucciones para crear píxeles de imágenes, o caracteres de documentos, van codificados en bits, que luego se decodifican para crear lo que se despliega ante usted en una pantalla. Concretamente si está leyendo esta columna en su laptop, o celular, ya entró en el etéreo mundo de la denominada "nube". Este término "nube" abarca toda la gama de infraestructuras que hacen posible la actividad en línea, desde X, TikTok hasta Netflix y Google Drive. De esta infraestructura hacen parte elementos como: cables coaxiales, tubos de fibra óptica, torres de telefonía celular, aires acondicionados, unidades de distribución de energía, transformadores, tuberías de agua, servidores informáticos y mucho más. Nos debe quedar muy claro que hay todo un entramado de flujo de materiales eléctricos, agua, aire, calor, metales, minerales y elementos de tierras raras que sustentan la vida digital actual. La "nube" no es solo materiales, también es ecología. Hay estudios recientes que han utilizado metodologías de Análisis de Ciclo de Vida (LCA, por sus siglas en inglés) para evaluar el impacto ambiental de los recientes modelos de IA generativos, en estos modelos hay una creciente demanda de hardware, para entrenarlos y ejecutarlos, destacando su contribución al cambio climático, la escasez de metales y el consumo de energía, pero, por ejemplo, por otro lado encontramos una encuesta realizada por el Joint Research Centre de la Comisión Europea, en la que una mayoría de profesionales no percibió inicialmente a la IA como un agente contaminante, lo cual refleja una falta de conciencia ambiental en torno a esta tecnología. Hablemos más concretamente de los Datacenters (centros de datos), estos dependen totalmente del aire acondicionado y cualquier lector local sabrá cuánto aumenta la factura de energía el uso de un aparato de estos. Cada que se hace una consulta, o transacción, se está dejando un desecho digital, dado que en consecuencia hay una oscilación de electrones que "calienta" el ambiente. Permítaseme un pequeño ejercicio comparativo, del consumo energético de uno de estos Datacenters versus una ciudad de digamos 600.000 habitantes (¿le suena de algo una ciudad de este tamaño?): Los Datacenters de Google consumen, de forma anual 24,000 GWh (Gigavatios-hora), en Latinoamérica se estima el consumo típico anual de una persona en 2.5 MWh/año, luego en una ciudad de 600.000 habitantes el consumo anual será de: 600.000 x 2.5 MWh/año = 1.500 GWh/año, dividamos ahora 24.000 GWh / 1.500 GWh = 16, luego los Datacenters de Google consumen anualmente la electricidad que consumirían 16 ciudades de 600.000 habitantes. Esto ilustra el enorme impacto energético de los Datacenters a nivel global y la necesidad de optimizar su eficiencia energética. La huella de carbono de los Datacenters ya es mayor a la de la industria aérea y estos siguen en pleno crecimiento. *Departamento de Ingeniero de UniCórdoba.