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Opinión

La negra noche

Álvaro Bustos González*
Álvaro Bustos González*
Columnista
12 de abril de 2026

Algunos dicen que se trata de un genio incomprendido; otros aducen que no lo han dejado desarrollar sus brillantes proyectos en pos de la redención de los pobres. Él se ha creído un salvador, pero no solo de su pueblo, del que habla en abstracto con una pasión fosforescente, sino de la humanidad entera, a la que invita periódicamente a seguir sus pasos, signados por un patético delirio de grandeza.

Patológicamente incumplido, desdeñoso de las formas de la dignidad presidencial, parece tener una conducta crapulosa, sustentada en un lenguaje rufianesco, con el que todos los días injuria, desafía y altera la verdad sin inmutarse, y en una vestimenta carnavalesca que lo hace ver como un pelagatos. Es un manipulador avezado, algo propio de quienes padecen el trastorno narcisista de la personalidad en grado maligno. Nunca reconoce su responsabilidad ante nada: es un espíritu que se purifica a sí mismo a través de la autocomplacencia. De manera sistemática transfiere culpas a diestra y siniestra, e irrespeta públicamente a quienes lo han acompañado en su frustrada aventura de mesías intergaláctico. No conoce la lealtad. La corrupción que lo circunda no lo perturba. Se ha dedicado a sembrar el odio y la división de clases, y a ofrecer ramos de olivo a delincuentes con el pretexto de una imposible paz total. Prohibió las corridas de toros en Bogotá, sin que se hayan modificado los índices de violencia y atracos en la caótica urbe; averió el sistema de salud de forma mortal, llevado de su anacrónica y falaz ideología, y frustró la posibilidad de una transición energética viable por culpa de la obcecación ambientalista de una filósofa despalomada, cuyo padre hace parte de la junta directiva de Ecopetrol. No me explico cómo, gente con títulos universitarios, intelectuales y periodistas, ven en esa sombra de ser humano una puerta abierta hacia el futuro. Está haciendo todo lo posible por rescatar, con el dinero del Estado, de los impuestos agobiantes, el legado de Hugo Chávez, cuyas expropiaciones estentóreas y bravuconadas produjeron el colapso y la indignidad de Venezuela, ahora sin democracia, gobernada por la ratonera supérstite de la tal revolución bolivariana, a la merced de las ambiciones mercantiles del imperio al que se habían propuesto derrotar. Pobrecitos: se les olvidó que la charlatanería, la demagogia y el populismo son la fétida hez de la humanidad. *Decano, FCS, Unisinú -EBZ-.