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Opinión

La negación de la realidad

Rafael Negrete Quintero
Rafael Negrete Quintero
Columnista
10 de abril de 2024

El Tren de Aragua extiende su control criminal en Colombia, con extorsiones a comerciantes, contradiciendo al canciller venezolano. Expertos y ciudadanos sufren sus delitos, urgiendo soluciones ante la creciente amenaza.

Por Rafael Negrete Quintero El dueño de una peluquería en Bogotá me contó, no hace mucho, que tuvo la visita inesperada de unos sujetos que se identificaron como miembros del Tren de Aragua. ¿El propósito? Cobrarle una "contribución" mensual por el funcionamiento de su negocio en una zona que ellos comenzarían a controlar. La idea era brindarle "seguridad", un ropaje con el que pretendían justificar la extorsión que ya le cobraban a la mitad de los comerciantes de la misma cuadra. Un fenómeno que padecen varios colombianos en diferentes ciudades. Lo cierto es que me pareció raro, por lo menos, que venezolanos estuvieran tomando el control de espacios delictivos que siempre han sido dominados por colombianos. El mismo comerciante me contó que era la primera vez que le venían a cobrar extranjeros, pero que ya estaba acostumbrado a estas visitas de diversas franquicias delictivas: guerrillas, paramilitares, bacrims, entre otros. Es posible que los mismos delincuentes se dediquen a la extorsión desde hace años y cambien su identidad cada cierto tiempo, o intimiden a su clientela según les convenga, pero negar la existencia de las organizaciones cuyos nombres adoptan es otra cosa. Todos sabemos que en este país ha habido guerrillas, paramilitares y bacrims, así como en todo el continente se ha evidenciado la presencia de la organización delictiva conocida como el Tren de Aragua. Aunque esta organización no ha logrado entrar en ciudades como Medellín, debido al dominio criminal de la llamada "Oficina" que impide que su estructura internacional se establezca, sí ha logrado penetrar en ciudades como Bogotá, Cúcuta, Villa del Rosario e Ipiales, y en países distintos a Venezuela como Perú, Chile y, por supuesto, Colombia. Por tanto, está mal, muy mal, que esta semana el canciller venezolano Yvan Gil diga que el Tren de Aragua es "una ficción mediática". Algo que no comparten los expertos en crimen trasnacional ni mucho menos los ciudadanos que día a día padecen el látigo de su control de rentas criminales dentro de las que se incluyen el microtráfico, los gota a gota y los secuestros. A nadie le ayuda la negación de la realidad. Reconocerla es el primer paso para encontrar soluciones a un problema que crece día a día y que podría resultar en escaladas de violencia en las ciudades latinoamericanas. Trabajar hacia soluciones concretas que brinden paz y estabilidad a nuestras ciudades, es posible, pero nada de esto se logra negando lo evidente.