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Opinión

La música de la infancia

Ensuncho De La Bárcena
Ensuncho De La Bárcena
Columnista
23 de junio de 2023

El Caribe colombiano lamenta la muerte de Rafael Ricardo, leyenda del acordeón y la música. Su legado, arraigado en San Juan Nepomuceno, resuena con nostalgia y alegría.

Por Ensuncho De La Bárcena ¿Qué tienen en común Juan Piña, Otto Serge, Rafael Ricardo, Julio Iglesias, Lucho Bermúdez, Camilo Sesto, Alejo Durán, Gabriel Romero, Alfonso Piña, José Luis Perales, Los Corraleros de Majagual, José Luis Rodríguez, la Banda Aires del San Jorge, El Combo Nutibara, Pacho Galán, la Tuna Sanmarquera y Carlos Piña? En apariencia muy pocas cosas, pero todos ellos forman la banda sonora de mi infancia. Rafael Ricardo se va a la tumba como vivió: orgulloso de ser sanjuanero, montemariano, dueño de un sonido único en la música del Caribe. Como ya he contado acá, nací en San Marcos del Caribe, La Perla del San Jorge. Crecí en un entorno felizmente mestizo, fruto del encuentro entre las líneas paterna y materna de mi familia. Con una sólida base cultural que podríamos llamar trinitaria: Porro, Fandango y Baile Cantao. A medida que transcurrían los días y las noches, fueron llegando a casa la Cumbia, la Balada y el Baile de Salón. El rock apareció a los 12, unos meses antes de hacer la Primera Comunión. Hablo de esto porque acaba de emprender el vuelo al infinito el gran Rafael Ricardo Barrios, ilustre acordeonista y cantautor, nacido y muerto en el pueblo de San Juan Nepomuceno, al norte de los Montes de María. Deja una gran huella en la historia musical del Caribe por la maestría de sus versos y la sencilla dulzura con la que interpretó su acordeón piano. La calidad de su sonido nos conecta con una profunda nostalgia que se vuelve alegría al escucharlo, "como diciembre en noche buena". Esa mezcla afortunada es la que aportó Rafa a nuestra educación sentimental. La suya fue una vida alejada del escándalo y del desorden. Amaba el campo y por lo tanto se devolvió a su pueblo natal, para llevar los últimos años con alegre tranquilidad y en contacto con los sonidos, imágenes y sabores que formaron sus tejidos, huesos y emociones. Aunque Rafa también fue un hombre con criterio, que se atrevía a hablar de lo que nadie habla. Eso le hizo cuestionar a la Organización Sayco-Acinpro, entidad que arrastra una fama que no es la mejor. Por ejercer su derecho a opinar contra Rafael Manjarrez, actual presidente de OSA y compositor de la canción "Señora" que grabó con Otto Serge, un juez obligó al acordeonista y cantautor sanjuanero a cumplir dos días de arresto y pagar una multa de tres salarios mínimos por desacato de un fallo de la Corte Constitucional. Rafael Ricardo se va a la tumba como vivió: orgulloso de ser sanjuanero, montemariano, dueño de un sonido único en la música del Caribe. Intérprete de un inmortal legado cumbiero que lo consagrará en el cielo de la Música. Gracias, querido maestro, por su grandeza.