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Opinión

La musa infinita

Ensuncho De La Bárcena
Ensuncho De La Bárcena
Columnista
14 de marzo de 2025

En Montelíbano, un laboratorio teatral reunió a artistas por la paz. El encuentro reveló historias y homenajeó a la musa del icónico porro 039, Doña Irene Rojas.

Por Ensuncho De La Bárcena Escribo estas líneas desde Montelíbano, a orillas de mi amado río San Jorge. He venido por estas prósperas tierras de belleza y alegría, gracias a la invitación del dramaturgo y cineasta Manuel Martínez Arcos y de la Corporación Yapé Producciones. A formar parte del Laboratorio de Creación Teatral junto a nuevos amigos que han llegado de los ocho municipios que firmamos el año pasado el Pacto Cultural por la Vida y la Paz: Carmen Mercado (San José de Uré), Walter Lara (Magangué), Einer Cervantes (Tuchín), Rafael Cali (San Benito Abad), Roamir Pineda (San Pelayo), Andy Núñez (Montelíbano), Manuel Martínez (Ayapel) y este servidor por San Marcos del Caribe. Han sido cuatro días de conversaciones, construcción colectiva, revelaciones, debates, risas, melancolía y un viaje al corazón de las historias, en clave de paz y reconciliación. Todos hemos aprendido algo para continuar el camino. Todos hemos enseñado nuestras reales motivaciones al sabernos artistas, es decir, creadores de realidades nuevas. Todos hemos sido atendidos de la mejor manera posible, es decir, como lo merecemos. Todos hemos dormido cómodamente. Todos hemos pensado, sentido y soñado bonito. Para este poeta viajero ha sido un enorme privilegio pernoctar por primera vez en la Capital Niquelera de América y, además del inspirador Laboratorio pactado con el Ministerio de Cultura, la extraordinaria oportunidad de conocer a una dulce y elegante mujer nacida el 28 de junio de 1934 que conserva su vocación desde comienzos de los años 50, cuando le inspiró una canción al mítico juglar llamado Alejandro Durán Díaz. Doña Irene Rojas Guevara es la musa de 039, el bello porro sanjorgense compuesto con el acordeón por el gran Alejo a bordo de la lancha La Viboral, en un viaje entre Montelíbano y San Marcos, con parada en La Apartada donde la hermosa joven se bajó para tomar "el maldito carro", rumbo a Buenavista. Esta canción inmortal ha cruzado las fronteras del espacio y del tiempo para quedarse en el corazón de los amantes de la música real. Dentro de unos meses doña Irene cumplirá 91 años. Y sigue viviendo en un callejón sin salida del barrio San José, en compañía de dos de sus hijos: Alejandro de Jesús y Manuel. En una casa cuyo número es su año de nacimiento. Tan pronto la conocí besé su mano, para reconocer su realeza, y le di un abrazo, para celebrar su grandeza. El mundo entero debería tenerla en un pedestal, no solo Hispanoamérica. Todos los que amamos esa canción deberíamos poner a sus pies zapatillas de oro y hacerla vivir en un Castillo hasta los 200 años, como ella quiere.