
La Mojana debe ser declarada: territorio fluvial

Las inundaciones en La Mojana, Colombia, evidencian el fracaso de la ingeniería hidráulica. Un cambio de paradigma urge: priorizar el "territorio fluvial" y reasentar a la población vulnerable.
Por Iliana Garzón Saladén Cuando los aguaceros torrenciales del Caribe colombiano se derraman abundantes e impetuosos, los caudales de los ríos Cauca y San Jorge descienden a toda marcha por las cordilleras Central y Occidental hasta una extensa planicie inundable, conocida como: La Mojana. Este territorio de humedales que fue llamado por las comunidades indígenas prehispánicas como el Gran Zenú, ha estado ligado a su relación con el agua, lo que llevó al sociólogo colombiano Orlando Fals Borda en 1979 a llamarlas: culturas anfibias. La dinámica de su cultura está unida a la abundancia y a la vez, a la escasez de este elemento. Pero los efectos del cambio climático y la vulnerabilidad de esta zona de la Depresión Momposina quedaron en evidencia entre los años 2010 y 2011, cuando las lluvias del Fenómeno de La Niña la dejaron prácticamente bajo el agua. Ante la tragedia ambiental y económica de la Mojana, Colombia formuló el proyecto "Reducción de riesgo y vulnerabilidad al Cambio Climático en la región de la Depresión Momposina", financiado por el Fondo Adaptación y desarrollado por el Ministerio de Ambiente y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud). Inmerso a este proyecto venía el paradigma de la ingeniería hidráulica, surgiendo como la respuesta más elemental al fenómeno de las inundaciones, con obras de protección en los municipios de San Marcos y Magangué y el desprestigiado dique "Caraegato" que ha sucumbido en varias ocasiones a la fuerza de los ríos, con una reciente ruptura de dos kilómetros aproximadamente, que originó la oportuna intermediación del gobernador de Córdoba Erasmo Zuleta, para propiciar el diálogo con el Gobierno Nacional y evitar una protesta con consecuencias negativas para la región. Las innumerables rupturas del dique Caraegato, ponen en evidencia que un proyecto basado en la posibilidad de dominar la naturaleza a través de obras de ingeniería requiere de un cambio de paradigma. El Estado colombiano debe reconocer que el modelo basado en diques fracasó, que hay que volver la mirada hacia las metodologías de ordenación del territorio, que proponen conceptos como los de "espacio de libertad del río" (Ureña y Ollero, 2000; Ollero, 2007), que buscan dar prioridad a los procesos naturales del río, dando lugar a la noción del "espacio de libertad" o "territorio fluvial" para ilustrar nuevas formas de gestión fluvial en contraposición a la gestión convencional para la conservación de los ríos y su territorio. El espacio de libertad permite que el curso de agua mantenga su potencial de divagación en sus márgenes y riberas, y en especial, en la llanura o espacio de inundación, un territorio fluvial que le devuelva al río su libertad, que pueda desplazarse lateralmente, erosionar, sedimentar y desbordarse para naturalizar su funcionamiento. Sus límites deben ser precisos, pero no permanentes ya que es necesario modificarlos en función de la movilidad fluvial. El territorio fluvial que reclama a gritos la Mojana, debe ser una figura de ordenación territorial con valor jurídico que obligue a las administraciones de los cuatro departamentos del área de influencia de esta región a aceptarlas en su planificación. Este territorio fluvial puede mantener la propiedad privada, pero estableciendo medidas administrativas de usos condicionados, que permita devolverle el territorio a los ríos y sus llanuras inundables, la recuperación de sus ecosistemas y reduzca los niveles de riesgos de la población. Pensar en la posibilidad de un reasentamiento humano de la población que se encuentra en las zonas de mayor riesgo no es descabellado, de hecho, el Fondo Adaptación se encargó del reasentamiento del municipio de Gramalote, Norte de Santander, destruido en 2010 por causa de un deslizamiento de tierra que obligó a la población, compuesta por 3.300 personas, a evacuar de inmediato, habiendo construido un nuevo pueblo a pocos kilómetros del anterior, con una excelente infraestructura bajo el concepto de ciudad resiliente y sostenible.