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Opinión

La mezquindad política: un obstáculo para la humanidad

Susana Viera
Susana Viera
Columnista
4 de mayo de 2025

En Colombia, la mezquindad política socava el bienestar común, ejemplificada por escándalos de corrupción. Desigualdad, informalidad y la cercanía electoral de 2026 agravan la situación. ¿Hay otro camino?

Por Susana Viera "El mundo es un buen lugar por el que vale la pena luchar", decía Ernest Hemingway. Sin embargo, en Colombia, esa lucha se ve constantemente empañada por la mezquindad política, donde intereses personales y partidistas prevalecen sobre el bienestar común. La política colombiana sigue siendo sacudida por escándalos que muestran el divorcio entre el discurso y la acción. El caso Marelbys Meza, exniñera de Laura Sarabia, es un ejemplo de cómo la corrupción se infiltra en las instituciones del Estado. A pesar de las disculpas públicas de los implicados, la trama sugiere que son órdenes superiores no identificadas, pero identificables. Y nada pasa, como en otros callejones sin salida, habemos reina de la impunidad. Estas situaciones reflejan una realidad que parece perpetuarse: Colombia es uno de los países más desiguales del mundo. A pesar de que la tasa de desempleo descendió al 8.2% en noviembre de 2024, más del 56% de la población trabaja en la informalidad, sin acceso a derechos laborales ni estabilidad, y sin dinero para solventar la canasta familiar, no hay calidad de vida, y mucho menos Paz. Esta mezquindad no es exclusiva de Colombia. Líderes de países ricos como Emmanuel Macron han defendido la riqueza como “una consecuencia del esfuerzo”, ignorando a menudo los sistemas coloniales e históricos que cimentaron esas fortunas sobre el saqueo de recursos en África y América Latina. Por otro lado, en el salón de la injusticia, nuestros antihéroes organizan los preparativos para las próximas campañas con destino a marzo de 2026. Esta proximidad electoral, nos recuerda que la mezquindad política no solo es una falla ética, sino una traición a la humanidad. Sigue siendo imperativo que los líderes políticos prioricen el bienestar de la población sobre sus intereses personales y partidistas.  ¿Acaso, existe otro camino para construir una sociedad más justa y humana, donde la dignidad de todos sea respetada y protegida? Parece que, en Colombia la letra no entra ni a fuerza de sangre. Los problemas de la pobreza, la exclusión y la corrupción no son inevitables ni propios del destino, sino consecuencias de decisiones políticas. El problema de Colombia no es la falta de recursos, sino su malversación, su concentración en élites, y la falta de voluntad para transformar el país desde la raíz. En palabras de nuestro eterno Papa Francisco “El mundo es rico, y sin embargo, los pobres crecen a nuestro alrededor. Eso no es casualidad, sino el resultado de estructuras que los marginan.” Entonces, no se trata solo de gobernar, sino de cuidar, de entender que nadie se salva solo. Cuando dejemos de ver al poder como botín y lo asumamos como servicio, Colombia podrá ser el buen lugar por el que sí vale la pena luchar.