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Opinión

La medición Simci y su cruel interpretación

Carlos Rodríguez Santos
Carlos Rodríguez Santos
Columnista
26 de octubre de 2024

Colombia enfrenta un alarmante aumento del 10% en cultivos de coca, alcanzando 253,000 hectáreas. La tecnificación y expansión a zonas urbanas evidencian una crisis de control y una posible ineficacia en la lucha contra el narcotráfico.

Por Carlos Vargas Rodríguez No puedo dejar de sorprenderme, con los resultados de medición de cultivos ilícitos Simci, no tanto por las cifras y su incremento, porque era previsible, puesto que todos los análisis y pronósticos así lo anunciaban, tenemos 253.000 hectáreas de hoja de coca sembrada en el país, que reflejan un aumento del 10% comparado con la medición anterior. Como lo señalé en una columna pasada, esta tendencia viene en aumento desde el 2015, (término de las negociaciones con las Farc) con un solo descenso en la curva en el 2020 (pandemia Covid 19 y su incidencia) pero sin mirar la excepción del 2020, la coca se apoderó nuevamente de muchas regiones de Colombia. Revisando en detalle el informe completo Simci hay información que, aparte del componente cuantitativo, debe preocuparnos y me voy a referir sobre algunos aspectos de manera puntual. Dice el informe, que las verificaciones en terreno dejan percibir en las zonas de siembra, una tecnificación inusual, similar a las de una operación agroindustrial, es decir, el negocio se ha perfeccionado aún más. Infiere el informe, que esta situación ha llevado a una ampliación del anillo de siembra a los centros urbanos más cercanos, por lo tanto, ya no hay un límite diferencial, entre la zona de siembra rural frente a la urbana, esto se puede interpretar desde varias aristas, una es que el asunto está tan desbordado, que ya no hay recato ni consideración alguna, frente a un cultivo que es ilegal. Lo anterior reafirmaría que las autoridades no hacen presencia ni control territorial en los centros de cultivo, desde hace mucho tiempo. Es decir, los cultivadores se tomaron toda la confianza en el proceso de siembra. Esto es apenas coherente, entre otras cosas, por no realizar erradicación manual, aspersión aérea y dejar de lado la destrucción de laboratorios, en el marco de una estrategia de gobierno. Solo se hacen labores de incautación e interacción; pero en este sentido es necesario resaltar que en los últimos 10 años las cifras de incautación de clorhidrato de coca, cada año supera al del período anterior, es una simple lógica matemática, si hay más coca, habrá más incautaciones; pero cuidado con esto, con la cantidad de hoja de coca sembrada, se produce tres veces más clorhidrato de coca que el que se registra en incautaciones. Las cifras de incautación oficial de coca son un sofisma, un engaña bobos dicen en mi tierra. Miremos algo clave, básico también, si uno quiere afectar un producto final, por supuesto que debe comenzar por neutralizar su origen, llámese en este caso los cultivos y continuar atacando la cadena de producción, abastecimiento, comercialización y distribución, pero como se están haciendo las cosas, solo se está golpeando mínimamente la fase final de todo el proceso. De esta manera jamás habrá posibilidad de éxito. Realmente no sé si todo esto se deba a una estrategia maquiavélica o es otra de las grandes torpezas de este gobierno, lo cierto y esto es fácil de prospectar, es que el país va a registrar para la medición del 2024 que se publicará en el 2025 más de 300.000 mil hectáreas de coca sembradas y este sería otro componente que se acumula al legado de Gustavo Petro, dejarnos inundados de coca. Estoy convencido de que posterior a las elecciones en EE.UU. vendrá una nueva política de atención a la situación de Colombia en muchos frentes y con relación específica a las políticas de lucha contra el narcotráfico, sin ser extremistas, habrá sorpresas, porque como estado, no tendremos explicación y justificación alguna a esta debacle.