
La mala hora… es ahora

Las difíciles horas que viven miles de familias cordobesas han llevado a algunos a señalar culpables, a crucificarlos y ridiculizarlos sin hacer un estudio juicioso de los múltiples factores intervinientes en esta pesadilla. Nada es tan sencillo porque hay otros aportes que causan daños monumentales. Hay faltas que llevan décadas y los gobiernos no han tomado una sola medida drástica. Las pedradas a Urrá han sido brutales.
Antes de seguir, debo decirles que tengo un nexo afectivo con Urrá. No es un lazo que me impida pedir una sanción si se comprueba que en los últimos sucesos hubo un error en la operación. Lo cierto es que vi por años las angustias, el inquebrantable deseo de darle a Córdoba y la Costa una generadora, superar presiones, escuchar a quienes socavaban el trabajo y la honorabilidad de quienes la hicieron realidad. Las ansias de contratos hicieron ruido y estresaron el ambiente. Pero aun y a pesar de eso, la hidroeléctrica ahí está. Se hizo en el tiempo previsto y sin los escándalos que acompañaron a otros proyectos. Toda obra de esa magnitud tiene ventajas, pero también trae afectaciones de distinto orden, por lo que las autoridades deben auscultar minuto a minuto el vaivén de las aguas que alimentan la presa. El trabajo armónico debe darse. Un país con 1.600 ríos principales, cientos de pequeños y 755.000 quebradas y riachuelos no puede tenerlos a la deriva. Enero y febrero, meses de verano en la región cordobesa, sufrieron en 2026 un cambio drástico con el aumento de las lluvias. La cadena que soporta las entidades ambientales y de generación de energía no detuvo los efectos vistos y padecidos. La expresidenta de la Empresa de Energía de Bogotá, Sandra Fonseca, explicó que la Empresa Multipropósito Urrá S.A. E.S.P. no podía evaluarse como las demás porque esta cumple otras funciones como dotar de agua en el verano a las poblaciones ribereñas al Sinú, controlar inundaciones, regular el caudal y beneficiar la navegabilidad. Es decir, tener agua todo el año. Córdoba se debate, por siempre, entre las inundaciones y la sequía. Si el gobierno es justo deberá incluir en su evaluación a las oficinas de Planeación de Córdoba y municipios ribereños al Sinú, las administraciones municipales que dejaron invadir las orillas; las corporaciones y entidades ambientales; la afectación y taponamiento de medio centenar de humedales, la ocupación de baldíos de las mismas zonas, la obstrucción de los canales de riego que rodean la ciudad de Montería por la construcción u otros usos; la utilización de agua potable para el ganado en grandes haciendas, la expansión de la frontera agropecuaria, sedimentación, vertimiento de residuos sólidos y la descarga de aguas residuales; permisividad de proyectos viales sin cumplir normas legales. Y, además, incluir a entidades del orden nacional que rigen y ejercen control. Lo sucedido no es por faltas insignificantes. Son prácticas y omisiones graves que deben corregirse y no repetirse. La prioridad ahora, en esta mala hora, es una: Córdoba y los cordobeses.